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martes, 5 de septiembre de 2017




LA LECCIÓN DEL “ VIEJO JUAN”
Era tan modesto que al incorporarse al Atlético Marte, precedido de laureles poco comunes en nuestro fútbol, ni siquiera mencionaba sus conquistas. Iniciábamos nuestras andaduras en la Liga Mayor con René “Tuca” Gómez, Adonay Castillo, Fredy Rivera, Ernesto Aparicio, Fausto Omar “Bocho” Vásquez, Ricardo Calderón, Carlos Ernesto “Pollo” Méndez, “Chito” Molina, los hermanos Nel y Orlando Escobar y lo asediábamos para que nos platicara de los equipos de su natal Argentina y casi a la fuerza, pero con mucha nostalgia mencionaba a sus excompañeros. Oírlo hablar de aquellos futbolistas tan ilustres que solamente habíamos visto en la revista El Gráfico, provocaba en nosotros una especie de extasis.
Juan Andrés Ríos había militado y conseguido el ascenso con el Ferrocarril Oeste, pero en 1960 lo compró el San Lorenzo de Almagro donde ayudó en grande para el subcampeonato y realizó giras por todo Suramérica y Europa, por cierto que en España disputaron la Copa Carranza con el Barcelona, Zaragoza, Internazionale. Venía en un gran momento y figurones como Antonio Roma, Silvio Marzolini, Vladimir Tarnawski, Humberto Indalecio Cansino, José Francisco Sanfilipo, Héctor Facundo habían sido sus compañeros.
Por esos días, Luis Alonso “Merengue” Castellanos quien era árbitro de lucha libre en la Arena Metropolitana seguía al equipo a todos lados, siempre estaba con nosotros incluso en las concentraciones y hasta se la daba de ser guardaespaldas de don Hernán Carrasco.
Juan decía que le hacía recordar a un pibe seminarista que seguía al San Lorenzo siempre que sus estudios litúrgicos se lo permitieran y que se lamentaba de no tener aptitudes para el fútbol aunque se compensaba viēndolo jugar. Con el “Ciclón” habían regresado de una gira por Europa cuando en 1964, el embajador de El Salvador en Argentina, doctor Armando Peña Quezada le propuso venir a jugar a El Salvador a un equipo llamado Atlético Marte y sin pensarlo tanto se hizo a la aventura.
Inicialmente jugaba como lateral pero se decidió por la zaga central donde se convirtió en todo un suceso al hacer pareja con su paisano Rodolfo Baello; en un receso tuvo un paso triunfal por el Comunicaciones de Guatemala, pero volvió para ser determinante en los títulos ganados por “Los Mustangs Azules” en 1969 y 1970. Aquella pareja de centrales era impasable, por arriba no había quien les ganara con el agregado de que el “Viejo” Ríos tenía una técnica depurada y dominaba de manera exquisita la pelota dentro del área al punto que jugando ante el Juventud Olímpica le hizo un túnel a Hugo Luis Lencina quien nunca se lo perdonó.
Juan Andrés y Rodolfo jugaban de memoria, hacían las postas y los relevos de manera tan coordinada que se imponía jugar por las bandas. ¡No había de otra!. Y en las concentraciones, su paisano y compañero nuestro, Carlitos Chavaño, quien en México había militado en grandes equipos, la hacía de narrador y como si estuviera en el estadio daba la alineación del San Lorenzo de Almagro, de tal manera que cuando llegaba al lateral izquierdo le ponía tanto énfasis que Juan Andrés gozaba con aquellas añoranzas.
Para entonces yo estaba envalentonado, eramos campeones, jugábamos a estadio lleno, con aficionados que llegaban a vernos perder pero que se iban frustrados y me equipaba al lado de cracks que hasta hacía unos años solamente conocía por los diarios y revistas. Ya no me sentía irreverente hacerlo al lado de Mauricio “Pachín” González, Ricardo “Chele” Sepúlveda, Alberto “Pechuga” Villalta, Guillermo “Loro” Castro, Raúl “Araña” Magaña y en una de esas tuve un incidente con el “Viejo” Ríos que me volvió reflexivo, prudente y me hizo poner los pies en la tierra.
Por cuestiones sin importancia me puse a discutir con él y en mi soberbia hasta lo reté a pelear para ver quien tenía la razón. Juan Andrés en un gesto que toda la vida le he agradecido, me dijo que las diferencias no se solucionaban de esa manera, me dio un montón de consejos que hasta me sentí villano y ridículo.
Al día siguiente iba al entreno más temprano que de costumbre, cuando vi que los integrantes del escuadrón de paracaídistas de la Fuerza Aérea hacían sus maniobras, en una esquina estaba un grupo practicando boxeo y se daban con todo. Poco a poco me fui acercando y divisé al “Viejo” Ríos dándole la más grande lección objetiva de boxeo al instructor que era un campeón nacional.
En ese momento se apoderó de mi un sentimiento de admiración y agradecimiento hacia ese hombre singular y hasta me sentí contento de tener mis dientes completos.
Luego me enteré que había sido campeón de boxeo del ejército de su país.
Con el retiro, Juan Andrés se quedó a vivir entre nosotros, trabajó en una institución gubernamental y nos hicimos muy amigos.
Desde hace un tiempo mi querido Juan ha estado aquejado de salud, lo fui a ver y recordamos tantas vivencias, yo le dí las gracias una vez más sobre aquella lección, solamente sonrió y me contó que luego de verlo en tantas fotografías y en la televisión, llegó a la conclusión de que aquel pibe seminarista que seguía al San Lorenzo de Almagro es ahora ni más ni menos que el Papa Francisco.

lunes, 6 de marzo de 2017




EL VIAJE DEL CAPITÁN
Jugó en los tiempos en que a los capitanes de los equipos hasta los tratabamos de usted, ellos dentro de la cancha mandaban y había que obedecerles porque predicaban con el ejemplo.
En la casa club del Marte cuando nos decían Los Mugstans Azules, Alberto Villalta era como el auxiliar de don Hernán Carrasco.
Le gustaba que le dijeramos Che Villaltini, Capitán, Crack o City; odiaba el mote de Pechuga y al que se lo decía lo encaraba, aunque tal licencia se la permitía a unos pocos.
En un partido contra el FAS, el Bucky Espinoza le puso una plancha al brasileño Doribaldo Becca quien se retorcía del dolor.
Villalta llegó y le dio un coscorrón al Bucky reprochändole la entrada.
El árbitro don Desiderio Avendaño iba con la tarjeta roja en la mano y nuestro capitán lo evitó diciéndole "no le diga nada, ya yo lo castiguĕ".
Aquella salida bien puede ejemplificar la ascendencia que tenía en la cancha y fuera de ella era de lo más amistoso.
Pocos futbolistas salvadoreños han tenido un amor propio como él y han confiado ciegamente en sus capacidades.
En el famoso partido que el Marte empató a un gol con el Santos en Panamá lo vi en su verdadera dimensión, Picolė era una de las jóvenes estrellas del equipo brasileño y se enredó en una disputa verbal con Villaltini quien con autoridad le expresó: "¡Cipote, vos comenzăs a morder la grama!".
Al finalizar el primer tiempo, nos dirigíamos hacia los camerinos cuando nos cruzamos con Lima, compadre de Pelé y una de las estrellas rutilantes de aquel equipo.
Saludö a Villalta de manera efusiva quien al ver mi cara de asombro me dijo "pensé que no me iba a reconocer, es que yo lo anulė en San Salvador".
Se refería al partido que unos años antes el Alianza les había ganado.
Jugó un montón de años en grandes equipos, en la selección nacional y siempre estuvo entre los que más cobraban.
Ahora se unió al grupo de hermanos que se nos adelantaron.
En este otoño que vivimos en que más temprano que tarde lo seguiremos nos queda de consuelo de que cuando el momento llegue, hermanos del fútbol como Raúl Magaña, Ricardo Sepúlveda, Rodolfo Baello, Santiago Cortez Méndez, Sergio Méndez, Adonay Castillo y por supuesto Villaltini estarán allá arriba para recibirnos y organizar las tertulias como antes...más que antes.

¡Vaya con Dios mi querido Capitán!.
Autor Manuel Cañadas

jueves, 13 de noviembre de 2014

Cuestión de familia, empezó a correr tras la pelota a los 3 años en el Real Destroyer. Se sentía como en  su casa en el equipo del Puerto. Claro, su papá era el entrenador y su mamá, la dueña del equipo.

“Es cierto, de chiquito ya estaba corriendo detrás de todos los jugadores que participaban en la Liga de Ascenso. Después empecé a jugar en una liga infanto juvenil, en un equipo que se llamaba Pan Bal (el nombre era un “resumen” de Panadería Baldizón). Tenía 8 años”.

Juan Carlos Hernández Baldizón rememora sus inicios. Y continúa el relato: “En el Puerto está el Torneo Navideño, ahí me vieron y salté al Destroyer.  Ya en ese entonces, mi mamá se había retirado del equipo. Jugué unos años, aunque algunas temporadas me ausentaba porque también estudiaba (ingeniería agronómica). Pero me decidí por el fútbol cuando me convocaron a Selección S-17”.

Su nombre empezaba a figurar en el radar del fútbol nacional. Atlético Marte llegó a hacer una pretemporada al puerto de la Libertad y el auxiliar técnico del entrenador español Fernández Fuentes era Juan Ramón Paredes, quien había sido su entrenador en la Sub-17 y Sub-19. “El me dio la oportunidad de llegar al equipo. A media temporada llegó Contreras Palma y puede debutar  jugando contra Metapán. Empatamos 1-1”, recuerda con detalles. De Marte no se iría más. Fue la única camiseta que defendió en Primera durante 14 años, algo impensado en el fútbol de hoy.

Su nombre ya empezaba a emparentarse con los apodos: “Tyson”, “Toro”, “Tortuga Ninja o Donatello”. ¿Tantos? “Sí, el primero me lo puso JC Piedrasanta; el segundo era del Puerto; y el tercero fue imaginación de Ricardo Guevara Mora.

De su carrera le quedaron grandes recuerdos. Destaca dos: “Uno fue cuando quedamos Campeón de Copa y le quitamos el invicto a Firpo que tenía más de 50 partidos de no perder. Hasta le habían ganado a la Juventus. Y en la final , nosotros pudimos derrotarlo”

“Otro gran recuerdo sería mi primer partido de semifinales, la primera vez que estuve presente de titular ante FAS. El Mágico acababa de volver a El Salvador y el nos anotó el gol del empate de tiro libre. Jugar en contra de Jorgito es algo especial”.

Su carrera íntegra en Marte. ¿Por qué? “Me pretendieron en algún momento Águila, Firpo y Alianza pero en realidad nunca hubo un acuerdo dirigencial. Mi primer equipo fue el que me llenó de orgullo. Caí en un grupo excelente. Jugué a la par del Papo Castro Borja, de Mora, Chamagua, Rugamas, Mandingo Rivas, Chochera Castillo, Nenei. Jugué con un montón de figuras y tuve una gran escuela. Tanto nacionales como extranjeros tenían gran nivel. Eran jugadores que dejaban mucha enseñanza”.

El retiro le llegó a los 33 años. “Yo había prometido retirarme en plenitud de condiciones, y mi meta era dejar de jugar profesionalmente a esa edad. Quería retirarme bien y así fue”.

¿Qué hace?

Tras el retiro, Baldizón estuvo un tiempo en El Salvador. Sacó su carnet de entrenador clase A y B, junto a ex compañeros como Memo Rivera, Renderos, Osorio, Trigueros. “Formamos un buen grupo pero luego, por cosas del destino, tuve que emigrar para EE.UU. Quise buscar un mejor futuro para mis hijos, el tema de la violencia ya no me gustaba y optamos por movernos”, cuenta el ex marciano.

Ya tiene 6 años de vivir Maryland. Trabaja en Washington DC, en un supermercado orgánico donde oficia de encargado del departamento de congelados. Desde allí sigue su pasión por el fútbol: “Sigo al Atlético Marte y también a la Selección. La otra vez que llegó la Selección por aquí fui a saludarlos y me puso feliz”.

Deja por último su concepto del fútbol salvadoreño actual: “El nivel siento que ha bajado, no es el mismo que había antes pero siempre mantengo la esperanza de que habrá nuevas generaciones que nos superen. Hay una buena camada de entrenadores y, para el que sabe canalizar su experiencia, es una gran ventaja. Si no hay carisma para enseñar, si uno no ha jugado, no va a poder transmitir mucho. Lo único que está faltando es sacar una base de ocho o diez jugadores que vayan al extranjero. Pero no a jugar en Tercera o Segunda, sino que vayan a Europa, México o Argentina a jugar en Primera. Es la única manera de tener roce con la elite”

Sus datos

Nombre: Juan Carlos Hernández Baldizón
Data: Puerto La Libertad, 10 octubre de 1971
Estado Civil: Casado Fanny Gutiérrez.
Hijos: Lisa (16), Juan Carlos (10), Marcelo Gabriel (6).
Deporte: Fútbol.
Puesto: Marcador central.
Trayectoria: Destroyer (Segunda, 86-90), Marte (Primera, 1990-2004)
Selección: Sub 17, Sub 19, Sub 21 y Sub 23. Selección mayor en etapa previa Copa Naciones 94.
Títulos: Campeón de Copa  con Marte.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

El Club Deportivo Atlético Marte es un equipo de fútbol que pertenece a la Segunda División de El Salvador.
 Su sede es el Estadio Cuscatlán de la ciudad capital San Salvador.
 Fue fundado en el año 1950, y ha ostentado el título de campeón nacional en ocho ocasiones, todos en torneos largos. 
En el 2002 fue relegado a Segunda División pero retornó a la liga de privilegio el 14 de junio de 2009, teniendo una buena representación en el torneo corto 2013 con 17 de los 18 partidos sin perder.






Títulos Nacionales
Campeon de Primera División (8):
1955,
1956,
1956/57,
1968/69,
1970,
1980/81,
1982,
1985.
Campeon de copa (1)
1991
Campeon de Segunda División (1):
2008/09.

Títulos Internacionales.


Campeon campeones de copa CONCACAF 1992.
Campeon Centro Americano CONCACAF 1991.
Subcampeon de copa de Campeones de la Concacaf 1981.


Historia

Primeros títulos.

A finales de los años 1940, con la disolución del Club Deportivo España de la ciudad de San Salvador, se formó otro equipo que llevó por nombre Alacranes Fútbol Club, conformado por algunos jugadores del España. 
El 22 de abril de 1950 dicho equipo cambió su nombre al de "Club Deportivo Atlético Marte", por iniciativa del jugador Conrado Miranda, y siendo presidente del Alacranes el coronel José Castro Méndez. El primer triunfo resonante del conjunto «marciano» se logró en 1952 ante el Deportivo Saprissa en suelo costarricense con marcador de 2-0

Para 1955 el Atlético Marte se alzó con su primer título nacional que se decidía mediante dos rondas de todos contra todos, con una plantilla de jugadores que incluía a Manuel «Tamalón» Garay como portero; Antonio Montes, Armando Larín, Rutilio Rivera, y Luis «Loco» Regalado, como defensores; y completado por Conrado Miranda, que también ejercía como técnico, junto a los argentinos Gerónimo Pericullo, Juan Bautista Pérez y Raúl «Pibe» Vásquez. Esta misma base de jugadores logró el segundo título consecutivo en 1956, con Miranda e Isaías Choto como directores técnicos.

En su corta historia, el Marte alcanzó la tercera corona consecutiva del fútbol salvadoreño en la temporada 1956/57, con otros futbolistas de renombre que reforzaron sus filas, entre ellos el portero Francisco «Paco» Francés, el argentino Rodolfo Baello y los nacionales Guillermo «Loro» Castro, Julio César «Muñeca» Mejía y Mauricio «Pachín» González.

La segunda doble corona

Los «marcianos» entraron en una etapa de sequía hasta el final de la década de los años 1960 cuando en la temporada 1968/69, bajo la dirección del chileno Hernán Carrasco Vivanco, ganaron el cuarto campeonato nacional con un equipo base de la selección salvadoreña, entre los que se encontraban Raúl «Araña» Magaña como portero; los defensores Guillermo Castro y Rodolfo Baello; los volantes José «Ruso» Quintanilla y el chileno Ricardo Sepúlveda; junto al delantero Sergio Méndez. El equipo volvió a repetir el campeonato en la temporada de 1970, el quinto de su historia, siempre al mando del chileno Carrasco Vivanco. Para esta ocasión se añadieron los nombres de Manuel Cañadas, y los brasileños Elenilson Franco y Odir Jacques, entre otros. Otro suceso notable fue el enfrentamiento contra el Santos de Pelé en 1971, el cual tuvo lugar en el Estadio Revolución de la ciudad de Panamá, que terminó con empate de un gol por bando. En este juego, el conjunto salvadoreño contó con el refuerzo de Luis «Cascarita» Tapia

Los años 1980.

Otra década pasaría para que el conjunto azul y blanco se agenciara otro título nacional, precisamente en el campeonato 1980/81. Para entonces el campeón de liga ya se decidía con una ronda final posterior a la temporada regular. El Atlético Marte se ubicó como segundo lugar tras las veinte jornadas, por detrás del Club Deportivo Santiagueño, al que enfrentó en la final tras superar en semifinales al Alianza Fútbol Club. El Marte se impuso al conjunto de Santiago de María con marcadores de 2-1 y 3-1. Lo más destacado de esta sexta corona era que la plantilla «marciana» se encontraba integrada únicamente por jugadores nacionales, entre ellos: Carlos Cañadas como portero; Milton Campos, Jorge Peña y Ramón Fagoagaga como defensores; Norberto Huezo en la zona media; y Miguel González junto a Jorge Salomón Campos como atacantes. También su director técnico era salvadoreño: el profesor Armando Contreras Palma.3

Como campeón nacional, se apuntó para la Copa de Campeones de la Concacaf 1981, en la que superó la primera ronda al imponerse sucesivamente al Juventud Retalteca (2-2, 3-1); Tigres UANL de México (1-1, 1-0), y Marathón de Honduras, por retiro de este equipo. En la final a doble juego en Paramaribo ante SV Transvaal, perdió el primer juego (0-1) y empató el segundo (1-1), por lo que se agenció el subcampeonato regional.

Para la temporada 1982, los «carabineros» quedaron en el segundo puesto de la temporada regular, por detrás del club Deportivo Independiente de San Vicente. Al clasificar a semifinales, superaron a Once Lobos con marcadores de 2-0 y 1-1; y por el campeonato superaron claramente al Independiente con marcadores de 1-0 y 2-0, por lo que obtuvieron el séptimo título de la Liga Mayor salvadoreña. Nuevamente el equipo se encontraba dirigido por Contreras Palma quien tenía como auxiliar a Juan Ramón «Mon» Martínez.

Tres años después, en la temporada de 1985, los «Mustang azules» se ubicaron al tope de la tabla tras las dieciocho jornadas, y clasificaron a la fase final junto al Club Deportivo Águila, Alianza Fútbol Club y Club Deportivo Luis Ángel Firpo, y entre ellos jugaron otra ronda de todos contra todos desarrollada en el estadio Cuscatlán. Alianza se ubicó en el primer puesto, por lo que debió jugar la final a doble juego contra el Atlético Marte, el mejor de la temporada regular. El Marte tenía entre sus filas a renombrados jugadores como Carlos «Cacho» Meléndez, José Luis Rugamas, Ramón Fagoaga, Marcial Turcios, José María «Mandingo» Rivas, y los uruguayos Raúl Esnal y Mario Figueroa.

Dicha final fue memorable. El campeón del torneo se decidiría por puntos acumulados: el Alianza triunfó en el primer juego 5-3 el día 22 de diciembre; y dada la necesidad de programar el siguiente encuentro antes del final del año, se jugó el día 25 de diciembre, por lo que ha sido el único partido llevado a cabo en el día de Navidad en la historia del fútbol salvadoreño. El Marte ganó en el tiempo regular 3-2, pese a la ausencia de varios importantes jugadores por expulsión en el encuentro anterior. Por tanto, era necesario decidir el triunfador en tiempo extra sin importar el marcador de los dos juegos, en el que el Atlético Marte encajó dos goles y se alzó con la octava corona.

Campeón de la  Concacaf

Entre las temporadas 1986/87 y 1990/91 el Atlético Marte tuvo tres clasificaciones a semifinales, pero en noviembre de 1991 clasificó al torneo Recopa de la Concacaf tras superar al Luis Ángel Firpo. En la primera fase realizada en Guatemala, logró el primer puesto del grupo al batir a Real Estelí (3-0) y al Saprissa (1-0), y empatar con Comunicaciones (1-1); y en la fase final, también desarrollada en Guatemala, terminó como el campeón del evento regional al imponerse a la Universidad de Guadalajara (1-0), y al Racing Club de Haití (4-1), y pese a la derrota con el Comunicaciones (0-1).

 Este triunfo ha sido el último alcanzado en un evento oficial de Concacaf por parte de un equipo salvadoreño.

Declive y descenso a la Segunda División.

En lo que restaba de la década de los años 1990, el equipo se mantuvo como animador del torneo nacional y en 1996/97 cambió su nombre a Atlético Árabe Marte.6 En esos años pasaron por sus filas jugadores como el brasileño Rodinei Martins, el peruano Alberto «Chochera» Castillo, y el argentino Emiliano Pedrozo.

En la etapa de torneos cortos, el Atlético Marte entró en declive al inicio de los años 2000. Aparte de caer en crisis económica, acabó en el último puesto de la tabla acumulada de los torneos Apertura 2001 y Clausura 2002,7 lo que determinó su descenso a la Segunda División.

Pese a esta difícil etapa, hubo dirigentes allegados a la historia del Marte que no lo abandonaron. Quien lideró esta campaña para retornar al equipo a la máxima categoría fue Raúl Alfredo Magaña quien animó a patrocinadores y directivos para emprender un proyecto.8 Además, en este período llegó a cambiar su nombre por el de Atlético Marte Quezaltepeque, por lo que cambió su sede a este municipio.


Retorno a Primera División.

El torneo Apertura 2008, el Marte logró el primer título de torneos cortos de la mano del director técnico argentino Ramiro Cepeda, al batir en la final al Municipal Limeño con marcador de 2-1.9 10 Por tanto, para lograr el ansiado retorno a la máxima categoría debía ganar también el Clausura 2009, pero el objetivo no se cumplió al quedar en semifinales. La oportunidad para el ascenso vendría entonces por medio de una final contra el ganador de este torneo, AFI El Roble. Dicho juego se llevó a cabo el 14 de junio en el estadio Cuscatlán, en el que el «equipo bandera» se agenció el título de la Liga de Ascenso y por tanto el retorno a la Primera División, al superar al rival por la mínima diferencia.

Apertura 2013.

En el Torneo Apertura 2013, el Atlético Marte realizó su mejor desempeño en los torneos cortos del fútbol salvadoreño, ya que lideró la tabla de clasificación al término de la primera fase, por lo que logró entrar a semifinales, algo que no había sucedido desde el Clausura 1999. Bajo la dirección del técnico nacional Guillermo Rivera, el equipo se mantuvo invicto hasta la penúltima jornada, ya que cayó derrotado ante la Universidad de El Salvador en la fecha final de las dos vueltas de clasificación. Sin embargo, quedó fuera de disputar la final al caer contra el Isidro Metapán con marcadores de 0-1 en la ida, y 2-2 en la vuelta. En este certamen el delantero marciano Gonzalo Mazzia, originario de Argentina, empató la tabla de goleadores con 13 tantos con Jesús Toscanini del Juventud Independiente.

Segundo descenso y permanencia en Primera División.

Los malos resultados volvieron a llegar para el Atlético Marte en el Apertura 2014 lo que obligó al cese del entrenador Guillermo Rivera quien dejó al equipo en el penúltimo lugar de la tabla. La suerte no mejoró en el Clausura 2015 con dos entrenadores extranjeros —«Chiqui» García y Daniel Fernández— y tras una cerrada disputa por el último lugar de la tabla general con el Pasaquina F. C., los marcianos acabaron a un punto del conjunto oriental para abandonar nuevamente la Primera División. Sin embargo, la dirigencia compró una de dos franquicias disponibles con la ampliación a 12 equipos en el torneo y de esta manera se mantuvo en la categoría.

Tercer descenso

La inestabilidad del equipo en Primera División no varió con respecto a la temporada anterior. En el Torneo Apertura 2015 el equipo terminó en el noveno puesto a un punto por encima de la Universidad de El Salvador. Sumado a esto el recambio de entrenadores tampoco solventó la situación: Carlos Meléndez, Douglas Vidal Jiménez, Juan Sarulyte y Efraín Burgos se sucedieron para tomar la dirección del banquillo, pero a la llegada de la vigésima jornada del Clausura 2016 la UES se despegó a ocho puntos de distancia en el fondo de la tabla acumulada, con solamente seis en disputa en el campeonato, lo que sentenció el tercer descenso del cuadro bandera a la Segunda División.

Uniforme.

En el uniforme de local del Atlético Marte predomina el color azul en su camisola, calzoneta y medias, con ribetes de color blanco. Originalmente su indumentaria era conformada por una camisola de color crema y calzoneta ocre. Estos colores cambiaron en 1959 al uniforme tradicional de azul y blanco.



Títulos Nacionales
Campeon de Primera División (8):
1955,
1956, 
1956/57, 
1968/69, 
1970, 
1980/81, 
1982, 
1985.
Campeon de copa (1)
1991
Campeon de Segunda División (1): 
2008/09.


Títulos Internacionales.
Campeon  de la Concacaf 1991
Subcampeon de copa de Campeones de la Concacaf 1981






miércoles, 14 de diciembre de 2011


viernes, 25 de febrero de 2011











Cuando el alba caía sobre El Salvador, el rostro de una mujer se perlaba de lágrimas... lágrimas que nacían de las entrañas de su vientre, del dolor que produce la maternidad, acaso la virtud más grande de una mujer.


No hubo necesidad de sábanas blancas de hospital, ni de una emergencia vestida del blanco de médicos y enfermeras, bastó una partera para atender el nacimiento de aquella criatura marcada por la estrella de los genios.


El nacimiento ocurrió un 13 de marzo de 1958, en una humilde vivienda de la Colonia Luz de San Salvador. Era el octavo parto de Victoria Barillas de González, entonces de 42 años de edad.


Antes de nacer ya se tenía destinado el nombre de aquel bebé... No hubo por qué buscar nombres extraños o de ortografía complicada, para qué, si el destino había marcado la gloria para el recién nacido y su nombre debía de ser de fácil pronunciación y motivo de orgullo para los salvadoreños... Jorge Alberto González Barillas.


Con el talento en la sangre


Cuarenta años antes, en el municipio de Agua Caliente, un pequeño pueblo de Chalatenango, escondido entre veredas y verdes montañas, nació Oscar Ernesto González, la raíz de una estirpe de futbolistas, para muchos la más grande de nuestra historia.


Oscar Ernesto vivió su infancia y su adolescencia, entre los cuadernos de la escuela pública, los trabajos agrícolas y entre balones fabricados de trapo que servían para armar pequeños encuentros de fútbol, en la explanada del parque de Agua Caliente.


Y aquel flaco tenía algo más que los demás, estaba dotado de una habilidad con el balón superior a sus compañeros y amigos, característica que en el futuro, curiosamente, distinguiría a sus bisoños.


La gente del pueblo se reunía alrededor del parque, las rutinas vespertinas estaban regidas por las tertulias del diario vivir, y por algo muy peculiar, observar las destrezas de aquel adolescente, que junto a Miguel, su hermano mayor hacían el deleite de todos.


Los equipos de Nueva Concepción, Chalatenango, El Paraíso, Concepción Quezaltepeque y otros municipios chalatecos, uno a uno buscaban explicaciones del porqué perdían con los juveniles de Agua Caliente.


Cuando en plena juventud Oscar Ernesto decidió marcharse a la Capital, San Salvador, las tardes en Agua Caliente dejaron de ser las mismas, con él emigraba el deleite de la comunidad, se perdió al joven predilecto, cuyo entendimiento con un balón de fútbol se transformaba en la alegría del pueblo.


Y claro, moverse a San Salvador no era un simple capricho, era la necesidad de buscar la superación en todo sentido, tal y como lo ha sido siempre, en todas partes, la gran ciudad representa la oportunidad de un mejor futuro, las puertas del trabajo y un ingreso económico superior al de la campiña.


Oscar Ernesto junto a su hermano Miguel, rápidamente demostraron a propios y extraños que aquellos eran algo más que otros dos chalatecos, no se trataba sólo de trabajadores con aguante de sol a sol, tenían una cualidad que resulta una codicia en la juventud, se distinguían con el balón en sus pies.


No fue necesario que pasaran muchos años para hacerse de un lugar deportivo, el nivel de su juego les llevó a engrosar las filas juveniles del Hércules F.C. aquel equipo que durante la época de inicios de la Liga Mayor del fútbol salvadoreño, fue campeón seis veces consecutiva (entre 1927 y 1934).


La historia registra que Oscar Ernesto y Miguel eran las estrellas del equipo, hasta que el segundo sufrió un accidente y se quebró una de sus piernas.


En el fútbol las revanchas son algo que ha existido toda la vida, Miguel volvió a jugar, pero el intento tuvo un precio muy grande, ya que el joven jugador demostró que su espíritu no se había doblegado ante aquella lesión, sin embargo, su físico no tuvo el mismo ímpetu y pese al valiente retorno, ya no fue el mismo, desde entonces para sus amigos era "El quemado”.


Los apodos son como la extirpe, como el carnet de identidad familiar, el cual se hereda. Y en este caso no hubo excepción para la regla, "El quemado”, pasó a ser también el sobrenombre de Oscar Ernesto, algo así como el “Jr”.


Mientras "El quemado Jr”, seguía deleitando con sus gambetas sobre balones deformes, allá en el barrio El Calvario de la capital, una joven se desvivía por una pasión extraña para una mujer... El fútbol.


Victoria Barillas, era una joven sencilla y jovial, muy femenina, pero extrañamente amante del fútbol.


Cada vez que el equipo del barrio iba a jugar, ella y dos o tres inseparables amigas eran las fieles acompañantes. Los jugadores salían en carretas o en camiones y allí iban ellas, dispuesta a gritar a sus jugadores.


A veces llovía, otras veces el sol era inclemente, pero no importaba, allí estaban ellas, lideradas por la figura de Victoria gritaban a todo pulmón los goles de su equipo.


Más de alguna vez un jugador le dedicó sus goles a Victoria, más de una vez ella se atrevió a reprimir a los árbitros por sancionar una jugada equivocada... Esta mujer, de haber sido hombre, sin lugar a dudas hubiera sido futbolista.


Los azares de la vida permitieron que un día aquella joven morena aficionada al fútbol a morir, conociera a aquel joven futbolista por vocación. Entre ellos hubo más que química, más que comprensión y deseo físico, entre ellos hubo afinidad en casi todo... Hubo amor y hubo fútbol, para largo rato.


Un día, que ni Oscar Ernesto ni Victoria recuerdan, él le pidió a ella que fuera su esposa y la madre de sus futuros hijos. La respuesta fue inmediata y el matrimonio para toda la vida.


Producto de aquella unión, nacieron ocho hijos, en su orden Mauricio, Leticia, José Francisco, Oscar Arturo, Efraín, Miguel Guillermo, Jesús y Jorge Alberto.


Si Oscar Ernesto y Victoria eran amantes del fútbol, no iban a tener hijos amantes de la literatura o apasionados por la filosofía, o desvividores por la política... Fácil, tenían que ser futbolistas.


¿Leticia, futbolista?, bueno, no tanto, pero si aficionada y seguidora de sus hermanos a quienes admiraba y sigue admirando.


Mauricio, después de Jorge, ha sido considerado uno de los jugadores más habilidosos que ha parido nuestra tierra, acaso los testimonios más fieles de lo que su padre realizó en las canchas.


Y si los apodos se heredan, pues Mauricio es el responsable de que a la dinastía de los González Barrillas se les conozca como los "Pachines”.


Cuando Mauricio era un mozalbete, estaba en su apogeo la caricatura "Pachín”. A alguien se le ocurrió que el muñeco se parecía a Mauricio y desde entonces ese sería su sobrenombre y el de sus hermanos menores. Claro, Jorge rompió ese estereotipo, una vez se dio a conocer.


José Francisco y Oscar Arturo fueron buenos jugadores, con capacidad para enrolarse en equipos de Primera Categoría, sin embargo no les picó esa espinita que se incrustó en el resto de sus hermanos. Simplemente no les obsesionó la idea de los entrenamientos programados y todo lo que involucraba la Liga Mayor, pero para no romper el libreto familiar, durante mucho tiempo militaron en equipos de la Liga de Ascenso, donde el compromiso no era tan formal. Ambos fueron de los mejores, demostraron que sus cualidades eran suficientes para estar en aquella liga que habían mirado de reojo y con la que prefirieron guardar la distancia.


Miguel, Efraín, Jesús y Mauricio, fueron jugadores de primera línea. En sus mejores momentos nunca faltaron en los seleccionados nacionales, por mucho tiempo fueron las estrellas de sus equipos.


Ellos marcaban la diferencia en los aficionados entre la preferencia de asistir o no al estadio, todo dependía del hecho de si los “Pachines” jugarían o no, así lo vivieron muchos aliancistas (por Mauricio y Miguel), muchos “Marcianos” (por Mauricio y Miguel), seguidores del ANTEL (por Miguel, Jesús y Efraín) y vicentinos del Independiente (por Jesús y Efraín).


Jorge, por su parte, fue un fuera de serie, una estrella que brilló con el toque mágico de un balón de fútbol, perteneciente a una raza que egoístamente proporciona a uno de sus hijos cada cien o doscientos años, “el verdadero mago” como lo calificaría el mismo Diego Maradona.



Y como lo aclamarían sus más extasiados seguidores, un ser de otro mundo cuando estaba en el terreno de juego, un epíteto inexistente para valorarlo como futbolista... Jorge era, es y será simplemente mágico.


Y es que el fútbol lo lleva en la sangre, en el corazón, en el alma, en cada poro de su piel. Jorge y fútbol son un binomio indisoluble. Una vez Jorge dijo que sería futbolista aunque fuera en silla de ruedas, cuando el tiempo ha transcurrido desde ese momento, nos damos cuenta que su apreciación se quedó corta, porque nunca dejará de serlo, pues la herencia generacional hará que las nuevas generaciones traten de emularlo y seguir sus pasos.



Quienes incomprenden a Jorge es porque no lo conocen. Jorge se resume en inocencia, en humildad, en introvertido, en incomprendido y en todo un fuera de serie, cuando de fútbol se trata valga esta reflexión... Gracias a Dios es salvadoreño.


Felicidades Jorge, que Dios te de mucha vida. Gracias por tus mágicas jugadas. Por ser salvadoreño.

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