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lunes, 9 de octubre de 2017

POR AMOR A LA CAMISOLA

Hay camisolas que sobreviven en la memoria de los aficionados. Son esas que corresponden a momentos triunfales, que tienen un significado especial. 


Los aguiluchos no conciben otro color que el anaranjado; tigrillos y toros la combinación del azul, blanco, rojo; los marcianos el azul, "cocoteros" y dragonianos, el verde; los universitarios el rojo y los aliancistas el blanco, por más que con el color celeste y hace más de medio siglo le hayan ganado al Santos de Pelé. En la actualidad y por razones comerciales, los dirigentes acuden a diferentes colores y diseños que hasta parecen catálogos de venta, pero hay que buscar ingresos y complacer a los patrocinadores, de manera que tienen el uniforme de local, de visita, el tercer uniforme y cualquier otro que saquen para poder vender.

Si ustedes revisan los armarios de los futbolistas retirados o no, encontrarán guardadas con esmero las camisolas que lucieron en sus años de gloria. Para ellos son tesoros, donde cada prenda tiene una historia singular.

Sé de dos que tienen sus pequeños museos, que saben donde está cada cosa: Mauricio “Pipo” Rodríguez y Jaime “Chelona” Rodríguez. Colocados con suma delicadeza y con visitas frecuentes, guardan en un lugar de sus casas todo aquello que les recuerdan sus triunfos especialmente sus camisolas. “Pipo” siempre jugó en equipos nacionales y las tiene celosamente guardadas, incluso los trajes de calor o pants y numerosos objetos relacionados como trofeos, placas, diplomas, cuadros, pines, souvenires.

También los tiene Jaime, quien militó en equipos de tres continentes: Europa, Asia, América. Y ha tenido la “Chelona” el sumo cuidado de guardar publicaciones y fotos de tantos países donde el deporte lo ha llevado.

El “Mágico” González no es amigo de esas sutilezas e incluso ni habrá de acordarse de los colores y diseños de sus equipos.

Corría el año 1981, recién pasaba la ofensiva del FMLN, el país se debatía en una contienda sangrienta, pero el fútbol nunca paró. Por eso siempre he dicho que los muchachos que fueron a España 82 son doblemente heróicos.

Pues ese día la plantilla del Independiente iba en el bus a entrenar a San Vicente. La cautela era imprescindible porque a menudo encontraban cadáveres tirados sobre el pavimento. En una curva fueron detenidos, encañonados por un retén y varios sujetos conminaron a los jugadores a bajarse. El del asiento de adelante era “Quino” Valencia quien entró en pánico cuando el jefe del grupo lo identificó: -“¿vos sos “Quino” Valencia?”, le preguntó; pero otra voz lo distrajo, -"¡hey aquí está “Lotario”, …y el “Caballo” Vega, “Chus” González, Ismael Quijada, "Gatti" Méndez, la "Tuquita" Gómez y “Carlanga” Rivera!".

Los brasileños Marquinho y Justino da Silva temblaban y de la mejor manera accedieron cuando los muchachos les pidieron sus implementos deportivos y se identificaron como miembros del Ejército Revolucionario del Pueblo. Ahí quedaron los maletines y el resto del recorrido lo hicieron en silencio. Cuando llegaron a San Vicente y contaron lo ocurrido los dirigentes se las ingeniaron para conseguir nuevos implementos porque el domingo llegaba el Alianza. Ese día del mascón, cuando entraron a la cancha se sorprendieron al divisar en los tendidos populares a un grupo de aficionados vestidos con el uniforme negro y amarillo, quienes se acercaron a la malla metálica para saludarlos y los animaron durante el partido en que vencieron a los albos. Por supuesto que aquellas camisolas no son parte de sus colecciones, pero “Quino” siguió con su costumbre de sentarse adelante y cada vez que pasaban por aquella curva cerraba los ojos y rezaba.

De los títulos ganados uno guarda grandes recuerdos, por más que haya pasado el tiempo, son triunfos objetivados en esos trapos o pedazos de tela que para otros no tendrían mayor significado.

Con el Marte ganamos dos títulos nacionales y solamente guardo una de esas camisolas, la otra se me extravió, más bien alguien me la sustrajo en un descuido, lo cual siempre lamenté.

Del Marte pasé al Juventud Olímpica y en un entrenó volví a ver mi camisola que ya no era mía, la portaba Mauricio “Tarzán” Alvarenga quien al ver mi sorpresa solamente sonrió. No hubo forma de que me la regresara, mucho menos a la fuerza, pues era una mole humana que sabía artes marciales.

En 1973 salimos campeones con el Juventud Olímpica bajo la dirección de Juan Quartarone, clasificamos fácilmente para la ronda final y solamente perdimos un partido ante el Alianza; seis cuadros disputamos dos vueltas, uno contra todos y terminamos invictos en el primer lugar.

En el penúltimo juego ya siendo campeones le ganamos a la UES y hubo fiesta en el “Flor Blanca” con la quema de un castillo de pólvora incluida; creo que fue la última vez que eso ocurrió. Durante los juegos anteriores, un cipote de unos 14 años no me daba agua con la camisola, lo veía siempre y me saludaba cordialmente. Ese día y en medio de la euforia me convenció y accedí a dársela. Sabía que la cuidaría aunque me confesó que era marciano pero que le encantaba como jugábamos y que me seguía desde mis tiempos con “Los Mustangs Azules”.

Pasé al Alianza, luego al Firpo y en 1976, Juan Quartarone, me llevó al Marte donde coincidí con varios de los muchachos que habían sido mis compañeros en el Juventud como Luis Condomí, Rodolfo Baello, Helio Rodríguez, Jorge “Indio” Vásquez y mi hermano Caly.

Asomaba una generación de cipotes que practicaban un fútbol de fina trama y que al equipo titular, en los entrenos, nos hacían quedar mal: Carlos Alberto “Chicharrón” Aguilar, Manuel “Gato” Castillo, Luis “Cuisito” Durán y Danilo Blanco.

Una tarde el Danilo llegó con aquella camisola. Ya no era el cipote escuálido que me la había pedido y estaba en camino de convertirse en un crack ya que después escribió su propia historia en nuestro fútbol. Fue como un hijo que el fútbol me regaló, por eso le digo a Léster Blanco su retoño, que en cierta manera es como mi nieto.

La camisola que guardo del Alianza tiene una historia triste, con esa disputamos el Campeonato Centroamericano ante el Municipal de Guatemala en el estadio "Mateo Flores" y lo perdimos, encima me lesioné.

Un día no la encontré, la busqué por todos lados y llegué a la conclusión de que alguien se la había llevado. Por entonces tenía una amistad entrañable con Arturo Soto Gómez, brillante periodista deportivo quien fuera el director de la Escuela de Periodismo de la Universidad de El Salvador. Nos frecuentábamos mucho y su hijo Marito era como mi hijo.

Pasaron las semanas y una tarde me sacudió la noticia de que Marito había fallecido repentinamente, tenía apenas 15 años. Anegado en llanto llegué a la casa de Arturo quien me recibió con la camisola en las manos. -“¡Siempre te la quiso regresar, pero le daba pena!”, me explicó, -“quería lucirla ante su amigos aunque le quedaba tan grande”, agregó.

Guardo además otras y una que me recuerda horas felices es la del Platense con la que conquistamos el Torneo Centroamericano de la Fraternidad ante el Saprissa y Herediano de Costa Rica, Aurora y Municipal de Guatemala y el nacional Negocios Internacionales. Me llevó al equipo de Virola: ¿quién si no, mi querido Juan Quartarone con quien celebramos tantos triunfos?.

Ya retirado y en mi condición de periodista llegaron a mi colección otras con igual o mayor significado. En 1989 el Alianza quedó campeón bajo la dirección técnica de don Hernán Carrasco. Había traído a su paisano Raúl Toro quien hizo capote con el equipo blanco. Cultivamos una linda amistad para siempre y al ver su calidad humana lo auxilié cuando pasó algunos momentos difíciles. Ese día que le ganaron la final al Firpo 3 a 1, Raúl las hizo todas y fue declarado el mejor jugador del campeonato. A la hora de la celebración vi como defendió su camisola que muchos aficionados se la quisieron quitar. Entró al camerino a dejarla y salió con otra. Por la noche nos reunimos y me la llevó en señal de agradecimiento. Me conmoví ante el grupo de amigos, pues sabía lo que el gesto significaba.

Otra es la que mis hijos Carlos Manuel y Javier Alejandro, sabiendo de mi amistad entrañable con Ramón Fagoaga, me insistieron que le pidiera una camisola del Marte, que los periodistas dieron en llamar el “Equipo Bandera”. Como la Chana no estaba para esos tafetanes, Ramón esperó que terminara el campeonato para entregármela.

Y para un día de mi cumpleaños, Rafael Cerna me sorprendió con una versión vintage de camisola del Marte, la misma con que fue campeón el 25 de diciembre de 1985 y que fabricaba con tanto esmero Raulito Ayala.

Con esa grandes jugadores como Mario Figueroa, “Cacho” Meléndez, José Luis Rugamas, Ramón Fagoaga, Salomón Campos, Danilo Blanco, Norberto Huezo, Iván Escobar, Raúl Esnal, William Rosales, Marcial Turcios, Guillermo Raggazone y otros nos dieron el último título bajo la dirección técnica del profesor Armando Contreras Palma. Rafa me escribió unas letras tan sentidas que calaron en mi sentimiento, pero advertí que todo se debía al gran cariño que me tiene: -“no creo que exista otro guerrero de la vida y del deporte que merezca mas que vos el llevar puesta esta camisola, así que cuando la usés debés recordar que gracias a vos, “Araña” Magaña, Ramón Fagoaga, Guillermo Castro, José Luis Rugamas, Norberto Huezo, Mario Figueroa, don Hernán Carrasco y otros, este equipo es grande”.

En octubre de 2014 y en el andar periodístico me tocó ir a España con motivo de un clásico entre el Real Madrid y el Barcelona. Mi adorada Andrea Carolina se encargó de enviarme desde la bella bahía de San Francisco una chumpa y una camisola de los merengues. ¡Cómo no tener eso en medio de algodones!, tal como dicen cuando un jugador lesionado se está cuidando para un partido importante.

Pues más allá de lo deportivo, cada una de esas prendas pueden simbolizar profundos y diversos sentimientos: la del Independiente, el miedo; la del “Tarzán”, la impotencia; la de Danilo, la nacencia de una amistad para siempre; la de mi recordado Marito, la tristeza; la del Platense, mi cariño hacia el gran Quarta; la de Raúl toro, el agradecimiento; la de Ramón, el afecto y admiración que le guardo; la de Rafa, el cariño mutuo que nos profesamos y la del Real Madrid que me mandó la Andrea, el amor más puro.

Por Manuel Cañadas.

domingo, 1 de octubre de 2017




“El Chelis” es de esos jugadores que hacen referencia a un equipo en específico. En su caso al Atlético Marte de los años setenta, pero además es de los futbolistas que pueden preciarse de haber cumplido el sueño de todos, al ser parte de la selección que clasificó al mundial de España 1982, competencia en la que participó en los partidos ante Hungría y Argentina. Con la selección estuvo en 16 partidos de rondas clasificatorias y aportó su grano de arena en la hexagonal de Honduras, pero para tener un puesto en la Azul se dio a conocer con Atlético Marte en la Liga Mayor.



Rugamas vistió la camiseta de los marcianos por una década (de 1973 hasta 1983), relación que se vio interrumpida nada más en la temporada 1974-1975, cuando militó para Platense. Luego fue traspasado a FAS, donde estuvo dos temporadas antes de ser parte de Municipal de Guatemala (de 1984 a 1986), de donde saldría hacia el fútbol de Belice, donde jugó con el San Pedro Seadogs, hasta 1988.



Como entrenador, fue asistente técnico del mexicano Carlos De los Cobos en la selección que disputó la eliminatoria hacia Sudáfrica 2010. Tras la salida del azteca fue seleccionador interino en 2011.


EL PATRÓN DEL MEDIOCAMPO

Siempre tuvo el fútbol en la mente como un trampolín que le ayudaría a suplir sus necesidades. 
Y si su infancia se desarrolló en un entorno poco gratificante, pronto encontró en la pelota el refugio para combatir tales carencias, ella no permitió que fuera infeliz. 
De ahí que cuando comenzó a destacar, su sencillez y modestia contrastaron con la de muchos principiantes que toman actitudes como que si ya hubieran alcanzado el estrellato.
José Luis “Chelís” Rugamas advirtió muy luego las enormes condiciones que tenía pero jamás permitió que lo contaminara el divismo que asalta con veleidosa frecuencia a quienes el dios del balón ha premiado con aptitudes relevantes. 
Me hacía recordar a otros como Wil Peñate, Víctor Manuel “Patío” Valencia, Carlos Humberto Recinos, Mario “Gata” Rivas, Guillermo Castro, quienes destacaron tanto en el fútbol sin perder la esencia de su humildad. 
Muchos lo recuerdan por el gol que le hizo a Leao el 6 de agosto de 1981 en una tarde memorable de la selección nacional ante el Gremio de Porto Alegre; por sus desplazamientos por las bandas con la melena al viento, por su fuerte pegada y sus siete pulmones. 
Yo lo recuerdo más como volante de contención, ubicado delante de la línea de cuatro, con el Marte, FAS, Municipal de Guatemala, Once Lobos, Cojutepeque y la selección nacional. 
Juan Quartarone lo convenció de tirarse atrás, no podía ser otro, vio en él un sucesor porque como jugador Quarta había perfeccionado la manera de jugar casi metido entre los centrales. Reparó en su inteligencia táctica, su personalidad, su sacrificio, conminándolo a no alejarse del círculo central y convertirse en terrateniente de una parcela donde estaba destinado a mandar.
El “Chelís” venía de hacer goles en el Ascenso con el Atlante, luego con los marcianos e incluso con el Platense campeón de la Confraternidad Centroamericana y de entrada puso sus condiciones. No hubo en él dudas ni ambivalencias y se desenvolvió como que si siempre hubiera jugado en aquella posición. 

Estaba a la sombra de su entrañable Ramón Fagoaga quien lo animó en todas sus cruzadas con el Marte y la selección nacional. Entonces desarrolló una cualidad que no le es propia a quienes juegan delante de la línea de cuatro, con el balón en los pies le dio rienda suelta a su creatividad y esto no tiene que ver con la capacidad técnica o la velocidad para mover la pelota sino en la intuición para organizar ataques, la iniciativa para definir el destino del balón, ser el iniciador del juego y generar esa ventaja que dan los centrales cuando su equipo está atacando y adelantan líneas, buscando los espacios que dejan a sus espaldas. 
Por eso facilitaba que sus volantes creativos jugaran con mayor libertad sin tener que retrasarse tanto, lo cual les permitía que lucieran mejor.
Y estaba muy conciente de su papel de contención llegando a los cierres con una regularidad rayana en la puntualidad, salvando los errores de sus compañeros y luchando entre rivales tocadores, los quites, la recuperación, el sacrificio, la marca de hombre a hombre, la fuerza en las entradas y de eso el mejor testigo fue Ramón “Primitivo” Maradiaga quien lo sufrió en cuanta vez los enfrentó con equipos o con sus respectivas selecciones, aunque al final del encuentro se hayan despedido con un abrazo prolongado, si es que no había salido en camilla.

Un temple de esa naturaleza solo la tienen los cracks y a José Luis eso le sobraba pero además tenía muy buen manejo de la pelota, despliegue, marca y poder de gol mediante sus disparos de larga y media distancia cuando su entrenador le permitía la osadía de llegar cerca del área. 
Y así fue uno de los máximo artífices de aquella gesta en Tegucigalpa cuando logramos la clasificación a España 82.
Con su retiro el “Chelís” se volvió un hombre emprendedor apoyado por Gloria su esposa, fundó su academia de fútbol "Estrellas del Futuro, pero además se recibió como entrenador. Dirigió al Atlético Marte y después llegó como técnico auxiliar de la selección nacional en el ciclo de Carlos de los Cobos. 

Cuando el mexicano se marchó el “Chelís” quedó como entrenador principal y debutó en un partido ante los Estados Unidos en Tampa, Florida en el 2010, que se perdió en los últimos minutos de una rara manera. 

Fue una puñalada de parte de los jugadores quienes tenían el partido arreglado. Un daño terrible a nuestro fútbol, el ciclo más oscuro de nuestra historia futbolística, al que nunca deberíamos volver, en que la decepción y la tristeza nos tomaron por asalto y colmaron de impotencia a los aficionados pues ellos se entregaban al equipo nacional esperando triunfos que no se iban a dar ya que los resultados estaban arreglados. José Luis estuvo un tiempo más y al descubrirse el amaño sufrió una gran frustración pues fue el principal perjudicado. 

Pero tales despropósitos, en modo alguno empañan su brillante trayectoria en donde defendió los colores de sus equipos con calidad y honestidad. Un crack para nuestra historia.

martes, 5 de septiembre de 2017


--Se enfrentaban el FAS y el Atlético Marte, sobre la punta derecha quedaron en un mano a mano Jorge “Mágico” González y Ramón Fagoaga. Los aficionados esperaban ansiosos la “culebrita macheteada”, en tanto Ramón balbuceaba: -“¡sí, sí, sí... me la hacés, te parto!”. Y Jorge sabía que lo decía en serio. Entonces tomó la pelota en sus manos, se la dio a su compañero de habitación en la concentración de la selección y exclamó: -“¡tomá Negro, esto no es una guerra!”.
--Una placa conmemorativa del primer partido que se jugó de noche en el estadio Cuscatlán guarda un error histórico, pues en la alineación ahí escrita tiene a Luis Rivas como defensa central y no a Ramón Fagoaga. La selección se enfrentó esa nocha al Borussia Monchengladbach, perdió 0 a 2 pero la placa ya estaba hecha con anticipación. El partido se jugó el jueves 24 de julio de 1976 pero el domingo 20 Luis Rivas había sufrido fractura de tibia y peroné en un partido jugado en San Miguel entre su equipo Águila y el Atlético Marte. Un error que Ramón no deja de señalar.
--Por entonces era catedrático en el departamento de periodismo de la Universidad de El Salvador, pero no siendo un teórico destacaba como reportero y redactor deportivo en el periódico La Noticia. Ese día fue a la FESFUT en busca de noticias de primera mano y solicitó información a Jeanette Ruiz quien fungía como secretaria. - “¡Mi papá se llama como usted!” expresó la secretaria, :- “el es de San Salvador”, agregó: - “¡También el mío” dijo Julio Ruiz Martínez!: -“Pero mi papá vivió antes en la colonia Luz”, agregó Jeanette. -“También mi papá” replicó. -“Nosotros ahora vivimos en la colonia La Rábida”, dijo Jeanette plena de curiosidad. - “Yo sé que mi papá vive por ahí”, dijo Julio.
Esa noche, habló con su mamá residente en Los Ángeles quien le confirmó su sospecha y reflexionó sobre las sorpresas que da la vida pero no pudo evitar cierto complejo de culpa pues hacía unos días le había aplazado su materia a la hermana de Jeanette que obviamente también era su hermana. Con los meses el destacado periodista llegó como jefe de prensa de la institución donde realizó una gran labor.
--Estabamos recién retirados cuando con Raúl Magaña decidimos incorporarnos al Santanita, equipo de softbol donde encontramos una cofradía de grandes personas, el equipo era manejado por don Napoléon Luna y por Manuel “Pajarito” Quintanilla y brillaban en sus filas estrellas de la pelota suave como el “Ticoco” Anaya, el “Pelón” Brand y el “Gato” Cornejo. Ese día nos enfrentábamos nada menos que al Marte y cuando me tocó mi primer turno al bate me sorprendí pues el lanzador rival estaba muerto de risa. Era William Meléndez a quien el recordado “Tito Burundanga” había bautizado como “Bote de Chile” por su carácter explosivo. Su actitud de momento no concordaba con su fama de mecha corta y sin poder contener la risa se me acercó y me dijo “¡qué estás haciendo aquí, ándate para el Cuscatlán!”
--He conocido aficionados de toda clase, pero Samuelito Ayala rompió todas mis expectativas cuando acompañado de Melissa su esposa, quien se encontraba en estado de gracia me expresó:- “¡mi hijo será marciano desde la cuna!”. Y así fue, las galas fueron azules para Samuelito Jr., pero el colmo fue que en su primera salida, en lugar de llevarlo a la iglesia lo llevó al Cuscatlán para animar a su querido equipo. Y a Melissa no le quedó otra opción.
--Mauro “Tiburón” Granados trabajaba con la compañía que construía los túneles en la carretera Litoral y entre sus compañeros organizó un equipo de fútbol, para ir a jugar contra el Destroyer del Puerto de La Libertad que militaba en la Segunda División. La cancha Chilama que por entonces era un pedrero fue el escenario para un partido, que de amistoso no tuvo nada pues los jugadores se dieron con todo al grado que sobre el final se armó una trifulca donde abundaban los trompones y las patadas. De pronto, Mauro vio que el arquero rival quien era nada más y nada menos que Luis “Catuta” López, cruzaba la cancha en su dirección y se preparó, pero el “Catuta” tenía otros planes. -“¿Verdad que usted no es de aquí?” le preguntó, -“véngase vamos a echarnos una botella y dejemos a estos tontos que se peleén”. Ese fue el inicio de una amistad que duró toda la vida, propiciada por el fútbol y el guaro.
--Era el mes de marzo y la selección nacional tendría un partido de fogueo contra el América de México. La Selecta volaba y el árbitro Joaquin Waldo Polío entró con la consigna de dejarlos jugar. Recién se iniciaba el encuentro cuando el mexicano Enrique Borja sacó un disparo que pegó de martillo, picó adentró del marco y salió. El línea era don Víctor Manuel “Chorizo” Guevara, un hombre incorruptible que corrió directamente al centro dando por válida la anotación. La afición estaba enardecida y Waldo dijo para sus adentro “¡si doy el gol, estos me linchan!”. Entonces tuvo una ocurrencia ingeniosa. Llegó donde su auxiliar y le preguntó: - “¿cree que va a llover hoy?”, don Víctor solamente gesticuló y el bribón del Waldo le dijo al “Pulpo” Fernández: - ”¡saque de ahí!”. Los mexicanos intentaron protestar pero la pelota ya estaba en juego. Don Víctor nunca más le dirigió la palabra a don Waldo.
--Mi hijo Carlos Manuel tiene un parecido enorme con el “Tata” Martino y cuando fuimos a los Estados Unidos a ver partidos de la Copa América advertí que no se ponía los anteojos pues el parecido es mayor. Ese día Argentina enfrentaba a la selección local y cuando dieron las alineaciones y mencionaron al entrenador de la albiceleste, mi yerno Eduardo Baños exclamó: -" ¡acá está, pero se está escondiendo!". Los aficionados lo veían y se ponían a reír, mientras que mi hijo se quitaba los anteojos y la chumpa de Argentina que más lo acusaba. Pero siempre hubo quienes se tomaron fotos con él.
--Todo el tiempo, la selección nacional había ocupado el camerino de la izquierda del estadio Cuscatlán. Y nadie había advertido que los líneas corren del medio hacia el sur. Tuvo que venir Rubén Israel para que se utilizara el del fondo pues es precisamente donde se les puede presionar, de lo contrario están a sus anchas.



LA LECCIÓN DEL “ VIEJO JUAN”
Era tan modesto que al incorporarse al Atlético Marte, precedido de laureles poco comunes en nuestro fútbol, ni siquiera mencionaba sus conquistas. Iniciábamos nuestras andaduras en la Liga Mayor con René “Tuca” Gómez, Adonay Castillo, Fredy Rivera, Ernesto Aparicio, Fausto Omar “Bocho” Vásquez, Ricardo Calderón, Carlos Ernesto “Pollo” Méndez, “Chito” Molina, los hermanos Nel y Orlando Escobar y lo asediábamos para que nos platicara de los equipos de su natal Argentina y casi a la fuerza, pero con mucha nostalgia mencionaba a sus excompañeros. Oírlo hablar de aquellos futbolistas tan ilustres que solamente habíamos visto en la revista El Gráfico, provocaba en nosotros una especie de extasis.
Juan Andrés Ríos había militado y conseguido el ascenso con el Ferrocarril Oeste, pero en 1960 lo compró el San Lorenzo de Almagro donde ayudó en grande para el subcampeonato y realizó giras por todo Suramérica y Europa, por cierto que en España disputaron la Copa Carranza con el Barcelona, Zaragoza, Internazionale. Venía en un gran momento y figurones como Antonio Roma, Silvio Marzolini, Vladimir Tarnawski, Humberto Indalecio Cansino, José Francisco Sanfilipo, Héctor Facundo habían sido sus compañeros.
Por esos días, Luis Alonso “Merengue” Castellanos quien era árbitro de lucha libre en la Arena Metropolitana seguía al equipo a todos lados, siempre estaba con nosotros incluso en las concentraciones y hasta se la daba de ser guardaespaldas de don Hernán Carrasco.
Juan decía que le hacía recordar a un pibe seminarista que seguía al San Lorenzo siempre que sus estudios litúrgicos se lo permitieran y que se lamentaba de no tener aptitudes para el fútbol aunque se compensaba viēndolo jugar. Con el “Ciclón” habían regresado de una gira por Europa cuando en 1964, el embajador de El Salvador en Argentina, doctor Armando Peña Quezada le propuso venir a jugar a El Salvador a un equipo llamado Atlético Marte y sin pensarlo tanto se hizo a la aventura.
Inicialmente jugaba como lateral pero se decidió por la zaga central donde se convirtió en todo un suceso al hacer pareja con su paisano Rodolfo Baello; en un receso tuvo un paso triunfal por el Comunicaciones de Guatemala, pero volvió para ser determinante en los títulos ganados por “Los Mustangs Azules” en 1969 y 1970. Aquella pareja de centrales era impasable, por arriba no había quien les ganara con el agregado de que el “Viejo” Ríos tenía una técnica depurada y dominaba de manera exquisita la pelota dentro del área al punto que jugando ante el Juventud Olímpica le hizo un túnel a Hugo Luis Lencina quien nunca se lo perdonó.
Juan Andrés y Rodolfo jugaban de memoria, hacían las postas y los relevos de manera tan coordinada que se imponía jugar por las bandas. ¡No había de otra!. Y en las concentraciones, su paisano y compañero nuestro, Carlitos Chavaño, quien en México había militado en grandes equipos, la hacía de narrador y como si estuviera en el estadio daba la alineación del San Lorenzo de Almagro, de tal manera que cuando llegaba al lateral izquierdo le ponía tanto énfasis que Juan Andrés gozaba con aquellas añoranzas.
Para entonces yo estaba envalentonado, eramos campeones, jugábamos a estadio lleno, con aficionados que llegaban a vernos perder pero que se iban frustrados y me equipaba al lado de cracks que hasta hacía unos años solamente conocía por los diarios y revistas. Ya no me sentía irreverente hacerlo al lado de Mauricio “Pachín” González, Ricardo “Chele” Sepúlveda, Alberto “Pechuga” Villalta, Guillermo “Loro” Castro, Raúl “Araña” Magaña y en una de esas tuve un incidente con el “Viejo” Ríos que me volvió reflexivo, prudente y me hizo poner los pies en la tierra.
Por cuestiones sin importancia me puse a discutir con él y en mi soberbia hasta lo reté a pelear para ver quien tenía la razón. Juan Andrés en un gesto que toda la vida le he agradecido, me dijo que las diferencias no se solucionaban de esa manera, me dio un montón de consejos que hasta me sentí villano y ridículo.
Al día siguiente iba al entreno más temprano que de costumbre, cuando vi que los integrantes del escuadrón de paracaídistas de la Fuerza Aérea hacían sus maniobras, en una esquina estaba un grupo practicando boxeo y se daban con todo. Poco a poco me fui acercando y divisé al “Viejo” Ríos dándole la más grande lección objetiva de boxeo al instructor que era un campeón nacional.
En ese momento se apoderó de mi un sentimiento de admiración y agradecimiento hacia ese hombre singular y hasta me sentí contento de tener mis dientes completos.
Luego me enteré que había sido campeón de boxeo del ejército de su país.
Con el retiro, Juan Andrés se quedó a vivir entre nosotros, trabajó en una institución gubernamental y nos hicimos muy amigos.
Desde hace un tiempo mi querido Juan ha estado aquejado de salud, lo fui a ver y recordamos tantas vivencias, yo le dí las gracias una vez más sobre aquella lección, solamente sonrió y me contó que luego de verlo en tantas fotografías y en la televisión, llegó a la conclusión de que aquel pibe seminarista que seguía al San Lorenzo de Almagro es ahora ni más ni menos que el Papa Francisco.

lunes, 6 de marzo de 2017




EL VIAJE DEL CAPITÁN
Jugó en los tiempos en que a los capitanes de los equipos hasta los tratabamos de usted, ellos dentro de la cancha mandaban y había que obedecerles porque predicaban con el ejemplo.
En la casa club del Marte cuando nos decían Los Mugstans Azules, Alberto Villalta era como el auxiliar de don Hernán Carrasco.
Le gustaba que le dijeramos Che Villaltini, Capitán, Crack o City; odiaba el mote de Pechuga y al que se lo decía lo encaraba, aunque tal licencia se la permitía a unos pocos.
En un partido contra el FAS, el Bucky Espinoza le puso una plancha al brasileño Doribaldo Becca quien se retorcía del dolor.
Villalta llegó y le dio un coscorrón al Bucky reprochändole la entrada.
El árbitro don Desiderio Avendaño iba con la tarjeta roja en la mano y nuestro capitán lo evitó diciéndole "no le diga nada, ya yo lo castiguĕ".
Aquella salida bien puede ejemplificar la ascendencia que tenía en la cancha y fuera de ella era de lo más amistoso.
Pocos futbolistas salvadoreños han tenido un amor propio como él y han confiado ciegamente en sus capacidades.
En el famoso partido que el Marte empató a un gol con el Santos en Panamá lo vi en su verdadera dimensión, Picolė era una de las jóvenes estrellas del equipo brasileño y se enredó en una disputa verbal con Villaltini quien con autoridad le expresó: "¡Cipote, vos comenzăs a morder la grama!".
Al finalizar el primer tiempo, nos dirigíamos hacia los camerinos cuando nos cruzamos con Lima, compadre de Pelé y una de las estrellas rutilantes de aquel equipo.
Saludö a Villalta de manera efusiva quien al ver mi cara de asombro me dijo "pensé que no me iba a reconocer, es que yo lo anulė en San Salvador".
Se refería al partido que unos años antes el Alianza les había ganado.
Jugó un montón de años en grandes equipos, en la selección nacional y siempre estuvo entre los que más cobraban.
Ahora se unió al grupo de hermanos que se nos adelantaron.
En este otoño que vivimos en que más temprano que tarde lo seguiremos nos queda de consuelo de que cuando el momento llegue, hermanos del fútbol como Raúl Magaña, Ricardo Sepúlveda, Rodolfo Baello, Santiago Cortez Méndez, Sergio Méndez, Adonay Castillo y por supuesto Villaltini estarán allá arriba para recibirnos y organizar las tertulias como antes...más que antes.

¡Vaya con Dios mi querido Capitán!.
Autor Manuel Cañadas

domingo, 1 de enero de 2017



Con el equipo de Atlético Marte, el defensor Manuel Cañadas vivió grandes momentos, y uno de ellos fue haber jugado ante el Santos de Pelé, equipo brasileño con época gloriosa en los años sesenta y setenta.

Una vez en Panamá, en 1972, Atlético Marte y Santos F.C. se juntaron para disputar un partido amistoso en tierras panameñas, en lo que hoy en día se conoce como Estadio Rommel Fernández, de la capital. Escenario donde juega siempre la selección canalera.

Manuel Cañadas iba de suplente eses día, y no se imaginó que iba a marcar a Pelé, la sensación total del equipo sudamericano.

¿Cree usted que el partido ante el Santos es uno de los mejores de su vida?

Sí. Hoy en día las figuras de Cristiano Ronaldo y Messi sobresalen como auténticos genios del fútbol. Sin embargo a la hora de elegir lo mejor de lo mejor hay que nombrar a Pelé. Uno se hace muchas fantasías al momento de saber que va a jugar con él. Tuve la suerte de hacerle marca en el juego con Marte y puedo decir que si es uno de los más bonitos partidos, sobre todo por el resultado que sacamos.

¿Qué destaca en lo personal de aquel juego?

Definitivamente la hazaña de no perder. Es algo que estábamos mentalizados en lograr, pero que considerábamos difícil. Al final se logró, y con todo y lo que involucró eso. No éramos favoritos, ni apoyados por la afición, que era neutral con tendencia a apoyar al equipo brasileño. Lo importante fue la experiencia de habernos medido con gente de calidad mundial. 

Igualaron, pero seguro lo tomaron como una victoria…

A los 17 minutos del primer tiempo ya íbamos perdiendo 1-0. En eso César Luis Condomí, uno de los compañeros, se lesionó, y tuve que entrar para relevarlo. Hernán Carrasco, en aquel entonces técnico del Marte, me mandó a marcar específicamente a Pelé. No jugué mucho, pero tampoco lo dejé jugar a él. Incluso dijo algunos improperios en portugués contra mí. No le gustaba que alguien pudiera meterle pierna fuerte.

¿Qué dijo Luis Condomí cuando lo sacaron?

Un desgarro es doloroso, él sabía que no podía jugar más cuando le ocurrió en los primeros minutos del partido. Nuestra meta era que no nos golearan. Quedamos al final 1-1, creo que no perder fue la mejor cosa que pudo habernos pasado.

¿Cómo preparó Marte el partido contra Santos?

Fue un momento muy especial para el equipo. “Don Hernán” nos mandó a trabajar de forma específica para hacer un buen papel. Estuvimos concentrados una semana completa para poder sacar lo mejor de nosotros ante Santos. Solo el hecho de que no nos golearan ya era un triunfo. En los refuerzos de ese momento para el equipo, tuvimos a “Cascarita” Tapia, uno de los mejores jugadores panameños que conocí.

¿Qué sensación le generó marcar a Pelé, en ese momento tricampeón del mundo?

En lo personal creo que motivó el hecho de poderle hacer frente a un tipo que aparte de ser campeón mundial había marcado más de mil goles. Lejos de inhibirnos, sentimos emoción por poderle hacer frente a semejantes figuras, entre ellas Pelé. Ellos tenían dos refuerzos argentinos de gran nivel, Agustín Mario Cega (Portero) y Ramos Delgado (Defensor). Extraordinarios jugadores que mostraban categoría en aquel momento, Santos era considerado el mejor equipo del mundo. 

¿Intercambió camisa con Pelé al final del juego?

Mario Castro, un sonsonateco que iba como refuerzo nuestro para el duelo ante Santos, se le tiró encima a Pelé y cuando yo quise reaccionar ya no pude pedirle al astro brasileño que me diera su camisa. Y bueno, eso no dejó de ser una experiencia preciosa. Lo más importante para mí, es que cuando terminó el partido, varios de mis compañeros corrieron a abrazarme. Anular a un futbolista de esa categoría, fue una hazaña. Haber parado al mejor jugador del mundo, y quizá de la historia.

¿Cómo reaccionó Santos tras no poder vencerlos?

Nunca nos menospreciaron. Recuerdo que a Pelé siempre lo sacaban minutos antes de terminar cualquier juego para evitar la situación de que le pidieran la camisa. Ese día lo dejaron jugar todo el partido con la esperanza de que pudiera cambiar la historia del marcador. Los jugadores del Santos fueron muy caballerosos, a diferencia por ejemplo de los argentinos que recientemente se enfrentaron a El Salvador. Recuerdo que hubo hasta la posibilidad de ganarles, Elenilson Franco estuvo a punto de sellar la victoria para nosotros. 

¿Fue entonces Pelé el jugador más grande al que se enfrentó?

Indudablemente. Con la selección juvenil de El Salvador jugué contra excelentes equipos como Estudiantes de la Plata, Emelec, River Plate; grandes monstruos del fútbol mundial. Aquella convivencia que se dio a la orilla de la cancha me permitió compartir con más jugadores de altísimo nivel.

¿Volvió a ver de nuevo a Pelé?

Lo volví a ver en 1973 cuando Santos jugó contra Alianza en el “Mágico” González. A mí me llena de mucho orgullo haber podido recordar que jugué contra él dos años antes. No ese orgullo que irradia soberbia, sino de alegría, por compartir con un gran jugador como lo fue él.

lunes, 31 de agosto de 2015



-El Atlético Marte era patrocinado por la Fuerza Aérea Salvadoreña, y fungía como director el coronel Salvador Henríquez. Viajábamos en avión a los partidos al interior del país y siempre lo hacíamos en un C47 que databa de la Segunda Guerra Mundial y debíamos prepararnos para aquel traqueteo. Pero en una ocasión el coronel dio la orden que podíamos optar por un Douglas DC-6, que resultaba de lujo comparado con aquellos vejestorios. Don Hernán, nuestro entrenador pidió el consenso y que levantáramos la mano derecha si queríamos hacerlo. La carcajada fue unísona cuando el piloto, el recordado capitán por entonces, Edmundo Hernández Anaya, se puso frente a nosotros con las dos manos levantadas.

-Con los años y en plan de instructores de fútbol viajamos con Raúl Magaña a Nueva York y ya dentro del avión comercial el capitán de la nave nos llamó por nuestros nombres, pidiendo que nos presentaramos a la cabina pues teníamos inconvenientes. Raúl me preguntó si tenía mis documentos en regla y temerosos, nos presentamos. Fue una carcajada de nuestro recordado Mundo, ya como piloto comercial, al ver nuestras caras. Por supuesto que viajamos en la cabina como invitados de uno de los más fieles aficionados marcianos.

-Por entonces, el coronel Henríquez se comunicaba con don Hernán mediante emisarios de la tropa, quienes se cuadraban ante el entrenador chileno con la solemnidad castrense: "¡Mi coronel Carrasco, le pido permiso para hablar!". Y don Hernán gozaba.

-A pesar de ser hijo del general Carlos Humberto Romero, a la sazón presidente de la República, Luis Felipe era accesible, humilde y gran amigo de sus amigos.Nos identificamos cuando fuimos compañeros en el Atlético Marte y nació una amistad entrañable. En sus andanzas metía en problemas a la seguridad de Casa Presidencial, pues se les escabullía, aunque todos sabían en los lugares donde podían encontrarlo. Uno de esos era mi casa. Una noche brindábamos con varios compañeros cuando se le ocurrió ir por más municiones. Entonces me pidió que lo acompañara a su residencia donde obviamente había una buena reserva. Fuimos escoltados nada menos que por dos radiopatrullas y ya tenía en sus manos una "pata de elefante", cuando a nuestras espaldas se escuchó una voz enérgica que decía: "¿Para dónde llevas eso?". Era su papá y, Luis Felipe sabiendo de su debilidad por el equipo azul me echó de cabeza. "Es que Meme está de cumpleaños y se lo estamos celebrando con Raúl Magaña, Ricardo Sepúlveda, el Chele Condomí, Ramón Fagoaga y el Chelís Rugamas". Por mi mente cruzaron un montón de pensamientos. Entonces el general se me acercó y guiñándome el ojo me espetó "Meme deberías saber elegir tus amistades, qué andas haciendo con este vago". Luego agregó "me hubiera gustado acompañarlos, pero mañana tengo muchos compromisos".

-En 1971 El general Fidel Sánchez Hernández era presidente de la República cuando fue invitado por el gobierno de Corea para homenajearlo. Se trataba de un personaje muy apreciado por allá, por haber sido observador-pacificador de parte de las Naciones Unidas en la guerra de Corea. Y le pidieron que llevara al equipo nacional de fútbol, para estrechar las relaciones entre ambos países. Pero en la república asiática hubo una epidemia de cólera y todo quedó en la nada. Esa tarde, nos preparábamos, cuando un emisario llegó con la noticia de la suspensión del viaje. Entonces Sigfrido "Bucky" Espinoza, uno de los jugadores más destacados exclamó: "Y por qué están enojados esos babosos".

-Durante algún tiempo el teniente Tochez fue el jefe de disciplina de los marcianos y su hijo, Pepe Jovel Montenegro a quien llamabamos Tochitoz de apenas ocho años era la mascota y el consentido de los jugadores.Ese domingo viajaríamos a Santa Ana para enfrentar al FAS y el niño se había entusiasmado con acompañarnos. El teniente Tóchez llegó bien temprano y ante las preguntas sobre su hijo exclamó: "¡se quedó por dormilón". Entonces tuvo que soportar una rebelión encabezada por Elenilson Franco y Sergio Méndez pues exigimos que pasáramos por él a su casa, que nos quedaba en el camino. La cara de sorpresa y alegría del niño fue memorable y hasta nos tocó esperarlo que se bañara. Cuatro décadas después platicaba con Tochitoz, un próspero hombre que vive en San Francisco, California quien entre su mejores recuerdos tiene aquella mañana, cuando el plantel del equipo bicampeón de la Liga Mayor esperó que se bañara para llevarlo a un partido.

miércoles, 1 de julio de 2015


lunes, 4 de mayo de 2015

¡GOLEAR LLORANDO!

Marte le ganó ayer al Dragón 4 goles a 1 pero de nada le sirvió pues el Pasaquina derrotó a la UES y lo mandó a la Segunda División

Al Atlético Marte le cae como anillo al dedo la frase que dice: “todo tiempo pasado fue mejor”. 
De la gloria deportiva de antaño, ha pasado a la miseria y a la catástrofe, en una transición que ha desembocado en una tragedia deportiva. 
le ganó al Dragón 4 goles a 1 pero de nada le sirvió, pues el Pasaquina derrotó por la mínima a la UES y lo mandó a la Segunda División. 
Ahora deja un lugar a donde un visionario como Raúl Magaña lo llevó. 
En realidad el Marte ha pasado días de angustia, sus recurrentes campañas lo pusieron a disputar los últimos lugares, navegando en un proceloso río que además de haberlo hundido, terminó por ahogarlo. 
Que un equipo así tenga un epílogo tan triste es toda una mala noticia para el mismo fútbol nacional pues su historia es de abolengo y su fracaso debe contemplarse como una siniestra e infortunada desdicha cuya llegada era solamente cuestión de tiempo. 
Por su origen castrense en el pasado, el equipo azul fue resistido, no obstante a lo largo de la historia los aficionados rivales siempre han respetado su fútbol y su jerarquía, pero en aquellos dorados años, los hombres de uniforme jamás se preocuparon por dotarlo de infraestructura:, una sede social, una cancha. 
Ellos lo usaron para escalar posiciones en una epoca en que tales circunstancias eran válidas. 
Luego vino la debacle a esa casta y aparecieron nuevos dirigentes con más buena voluntad que talante dirigencial. 
Pero llegar al fondo de esa situación es muy difícil pues no fue en un año ni en un mes, ha sido una larga agonía en que ha influido la falta de criterio dirigencial, las decisiones equivocadas en cuanto a dejar ir a los jugadores vitales para que se diera este final tan sospechado. 
Por su parte los jugadores han tenido tanta irregularidad, era hasta dramático ver que un domingo cumplían grandes actuaciones y en el siguiente jugaban como que si fueran equipo de barriada y lo que es peor, sin alma. 

Asi se perdieron puntos de manera casi infantil. Pero en honor a la verdad y a la justicia cabe preguntarse además si ellos son los principales culpables de sus deficiencias y de su comportamiento profesional o representan apenas el reflejo de su pobre formación, casi autodidácta.

 Es que por lo general la fundamentación del futbolista salvadoreño es prácticamente nula, sin un complemento sólido de principios morales o de fortaleza emocional donde desarrolla, a la par que la deficiente preparación físico-atlética, hábitos y conductas equivocadas.

 En el fondo sorprende que los equipos, en sus políticas de contratación llevan a su dirección técnica no a los que más saben, están mejor capacitados o los más idóneos, sino a los que cobran menos. 
En los últimos torneos el Marte se fue quedando sin valores fundamentales, y no hubo una política de reemplazo eficiente de los que se fueron. 
Cada vez que se marchaba un jugador cundía la alarma entre los seguidores ya que los sustitutos siempre fueron jóvenes inexpertos. Asi no existía la posibilidad de realizar una buena selección de elementos de peso que sumaran y no restaran. 
Son muchas las cualidades que deberían aportar llevando como base de sustentación la garra, la entrega, el amor a los colores, sin desdeñar por supuesto la capacidad técnica. 

Cada vez que destacaba un joven marciano o un extranjero y era pretendido por otro equipo no se hicieron los esfuerzos para retenerlos y fueron cedidos fácilmente. 

En tales condiciones el equipo se volvió un conjunto en constantes desarme en lugar de estar en constante integración. Así se fue cayendo en el debut de principiantes para formarlos sobre la marcha con el goteo de la experiencia y las enseñanzas buenas o malas de los técnicos de turno. 

Es triste decirlo, muchos de ellos han fallado en la asimilación de conocimientos, prácticos y teóricos ante maestros de corta capacidad didáctica.
 Por eso el descenso se veía venir y ha llegado. Ayer cuando el escenario estaba preparado para la batalla y se le ganaba al Dragón llegaba la noticia del triunfo del Pasaquina. 

Sus seguidores cumplieron con cantos de amor y lágrimas de tristeza.Con gritos o con un desgarrador silencio, pensando en esos colores azules de toda su vida, hoy caídos en desgracia.

martes, 28 de abril de 2015


El portero Ricardo Mora ha sido uno de los más vilipendiados en el fútbol nacional, pero su grandeza sigue intacta
En el fútbol cada posición en la cancha determina una forma de conducta. Por ejemplo, el portero es un ser constantemente amenazado, lo cual a menudo lo vuelve desconfiado, receloso y suspicaz. 

Y con esa carga debe infundirle confianza a sus compañeros. 
Un equipo se forma a partir de un buen arquero, quien no se puede permitir el lujo de parecer inseguro o al menos debe disimularlo y saber que sus errores son los más notables.
En nuestro medio Ricardo Mora ha sido uno de los mejores, sino el mejor, pero muchos lo recuerdan más por los goles que le hizo Hungría en España 82 y no por los que detuvo después, en la ruta previa y a lo largo de su prolongada carrera. 

Luego de aquella debacle necesitó como nunca la comprensión de sus allegados y siendo un joven de escasos 18 años, que había debutado en primera con apenas 14 años cinco meses, reaccionó de una manera irrascible y se volvió contestatario; era su manera de sobrellevar la presión. 

Al principio quiso dar la cara ante quienes lo agraviavan y trató de hacer su vida habitual, sabiendo que lo habian condenado ya que recibía insultos en cada estadio que jugaba, de parte de la misma gente que lo había elevado al altar mayor, cuando fue determinante para que la selección clasificara a España 82. 


En esa justa los dirigentes llegaron a pensar que se podía pasar a la segunda fase, aunque en el fondo y viviendo una guerra, todos sabíamos que el solo asistir al Mundial ya era una hazaña de enorme propociones.

Otro en el lugar de Ricardo se hubiera quebrado pero en esa situación límite, en lugar de evadir la realidad optó por buscar una revancha sabiendo que esas no existen para los arqueros, porque cada partido es una nueva historia. 

De ahí que los suyos siempre estuvieron prestos para auxiliarlo ante la fragilidad con la que pudiera haber reaccionado. 
En realidad fue una amarga lección, para enterarse que los triunfos pueden ser visitantes frecuentes pero que se pueden esfumar súbitamente.
 Ha habido casos de figuras y equipos embriagados de constantes victorias, de ahí que una derrota estrepitosa puede ser terminal, recordemos las tragedias de Brasil en el 50 con el Maracanazo, que marcó la vida de los integrantes de la verdeamarelha especialmente del arquero Barbosa quien fue enterrado dos veces. 

Y que decir del 7-1 que le hizo Alemania en el pasado mundial en que ya cuando se jugaba el medio tiempo, los torcedores se enjugaban las lágrimas. 
Es que tras un gol el guardamenta es la imagen de la impotencia, pero despues de 10 podría haber sido la frustración, el desprecio, la muerte. 
Para Ricardo solo fue el principio de una historia carente de fantasía, pero abrumada por una realidad aplastante que enfrentó valientemente y que lejos de deprimirlo le templó el carácter.
 Luego jugaría en Estados Unidos y el Aurora de Guatemala donde fue considerado el mejor arquero desde los tiempos de Raúl Magaña y Nixon Gracía. 
Después volvió al país para seguir ganando laureles; para entonces había comprobado que si bien el fútbol puede ser una forma de la estética o del arte, tambien puede ser de la muerte prematura... o de la reivindicacion. 
Y había pasado de irascible a reflexivo, acaso ensimismado como lo sigue siendo.En una de sus andanzas, en Alemania conoció a un señor que aseguraba que “los jugadores de fútbol son los que están locos”; decía que “el portero es el que los cuida por eso parece mas loco que los demás”. 
Eran palabras sabias de su ídolo Sepp Maier. Por eso preconiza que el portero tiene la agobiante tarea de ser coherente; en el arco no pueden haber improvisaciones o equivocaciones, a menos que no provoquen goles en contra. 
En la actualidad Ricardo Mora es funcionario del IMDER, donde se empeña en ayudarles a los niños en situación de riesgo y redondea su fama con el prestigio de la solidaridad y del altruismo. 
No hay ídolos sin leyenda y la de Ricardo Mora es aleccionadora.

sábado, 25 de abril de 2015

Fue un jugador a quien el dios del fútbol dotó de un olfato especial para el gol, que vivió rápidamente y al que la vida no alcanzó a comprender.

 Sergio Tabudo Méndez siempre tuvo compañeros que trabajaron para habilitarlo y él con su oportunismo y su capacidad para pegarle a la pelota con ambas piernas, su elevada estatura y su buen cabeceo transformaba cada servicio en goles. 

En el Águila fueron Juan Francisco Cariota Barraza, Juan Máquina Merlos, Raúl Corcio Zavaleta; en el Marte, Mauricio Pachín González y en la selección nacional Mario Monge y Mauricio Pipo Rodríguez.
Nació el 14 de febrero de 1942 en Santa Elena, Usulután de ahí lo de tabudo y siempre se mostró orgulloso de sus orígenes. 

Con sus goles y su forma de ser, Sergio produjo un fenómeno acaso destinado para los grandes de trascender más allá de su muerte. 

Se inició en el Vencedor de su ciudad natal y desde sus albores dio muestras de esa capacidad para golear, cada domingo era la gran atracción por corajudo, pateador y oportuno.

Muy luego los aguiluchos se lo llevaron y como si nada, también allí siguió su producción.

 Para entonces combinaba su naciente profesión de futbolista con su vocación magisterial y daba clases en la escuela “Dolores C. Retes” de la metrópolis migueleña. 

Con el Águila ganó dos títulos, en dos veces se coronó como máximo romperredes y su nombre se regó por el país futbolero.

En 1965 don Hernán Carrasco lo llamó a la selección nacional que disputó el II Norceca en Guatemala y al año siguiente apareció en el Atlético Marte donde luego de una serie de reclamos por anomalías en su transferencia comenzó a meter goles en cantidades industriales.
 Era extrovertido, receloso y de una alegría contagiante que alternaba con momentos de aislamiento. 
Muy luego consiguió gran popularidad y no llegó a ser ídolo por culpa propia pues abundaban los que llegaban a azuzarlo porque no le aguantaban sus desplantes, pero todos sabían que donde jugara Sergio Méndez abundaban los goles. 

Es que podía pasar ignorado durante casi todo el partido pero en un santiamén sorprendía; a menudo se ponía deliberadamente en fuera de lugar y hasta parecía ridículo, pero se las arreglaba para quedar en posición legal y anotaba; es que en la cancha padecía de un egocentrismo funcional y fuera de ella una inconsistencia afectiva que lo llevaba a ser un picaflor, tal como lo entendemos los salvadoreños.

En una ocasión el Marte perdía por la mínima diferencia ante el Adler y los defensas Ricardo Ruballo, Chepe Panameño y José Luis Choco Contreras se burlaban de él. 
Sobre el final, el árbitro pitó un tiro libre como a diez métros del área grande. Entoces Sergio tomó el balón y exclamó: “¡en esa esquina la voy a meter!”; dicho y hecho, sacó un obús y cumplió su promesa, de manera que el arquero Chino Quintanilla no pudo detenerlo y el Tabudo corrió desaforadamente para gritarlo a quienes lo azuzaban.
También llegó a tener mucha fama de que cuando ganaba se agrandaba, eso le ocurría cuando tomaba revancha de sus detractores.
 En 1968 fue a las Olimpiadas de México y dos años después asistió al Mundial 70, por cierto que previo a la competencia se negó a salir ante una expulsión en partido amistoso y eso casi le cuesta no viajar a México. 
En una ocasión el Marte andaba de gira por Guatemala y esa tarde en Il Giardino, restaurante propiedad del entrenador italiano José Rossini departían varios parroquianos entre quienes estaban Raúl Magaña y el periodista italo guatemalteco Mario Ferreti.
 En eso llegó el Tabudo y Magaña cerrándole el ojo a Ferreti le expresó:“¿Mario, ya había escuchado hablar de Sergio Méndez”, a lo que el periodista replicó “ni idea de quien es”. 
Sergio se sintió acicateado en el amor propio y replicó “ya pronto sabrá de mí”.
El siguiente domingo le hizo tres goles al Comunicaciones y luego dos al Cementos Novella. Ferreti escribió “lo que define por excelencia a Sergio Méndez, es su potencia física, su capacidad para asimilar fuertes marcas, la vitalidad desbordante y por sobre todo su cuota de gol”. 
El Tabudo se dió gusto anotando en su carrera pero fue a los equipos guatemaltecos a los que más castigó e incluso tuvo un paso por el Comunicaciones.
 Con equipos hasta 1970 anotó 83 goles en 141 partidos. Y con la selección su carrera culminó en 1974, con 27 partidos jugados y 14 goles anotados. 
En 1976 regresó al Aguila contaba 34 años y todavía le quedaban muchos goles por celebrar. 

Ese 18 de noviembre viajaba a entrenar de su ciudad natal a San Miguel cuando su carro derrapó en las curvas de El Delirio y encontró la muerte. 
Su vida que había tenido mucho de espectacular terminaba en un accidente aparatoso. 
Para Sergio Méndez el fútbol fue un constante estar en la vitrina, esa misma que sin llegar a convertirlo en ídolo lo volvió un animador especial de los lugares donde se presentaba y siempre llevando una sonrisa como respuesta a la vida.

lunes, 19 de enero de 2015

PURAS REMINICENCIAS ( Manuel Cañadas )
Este reportaje fue escrito por nuestro director Rafael Cerna para un 19 de enero de 1999, habían pasado 28 años de aquel partido que nos marcó a varios de los que estuvimos ese día en el Estadio Revolución de Panamá, hoy Rommel Fernández.


Fue algo que sucedió en la capital panameña un día como este pero en 1971; Atlético Marte se enfrentaba al Santos de Pelé en lo que se anunciaba como "El Partido del Año".
 Por entonces el equipo brasileño era una constelación de estrellas de primera magnitud, las cuales giraban en torno al mejor futbolista de todos los tiempos, el mítico Pelé que esa noche recibió la condecoración "La Gran Cruz de Francia" que le entregó el General Omar Torrijos. 


César Luis Menotti en la película de Lionel Messi hace la advertencia, "para sacar al mejor de la historia hay que dejar de lado a Pelé: él es de otro planeta, los otros son enormes pero el Negro es otra cosa". 



Bajo el mando de don Hernán Carrasco, los marcianos nos habíamos preparado intensamente, soñabamos con el momento de estar frente a esos ases mundiales y al llegar a Panamá, nos dimos cuenta que había gran ansiedad por verlos en acción. 



De más está decir que desde tempranas horas el estadio lució abarrotado, los aficionados deliraban esperando aquellas destrezas y cuando el equipo entró a la cancha cundió el éxtasis. 

Por supuesto que el centro de las miradas fue el Rey y la multitud respondió con enorme resonancia a su presencia.
 Nosotros también recibimos nuestros aplausos pero sentíamos como que era con cierta lástima, por lo que estabamos a punto de sufrir.
 A los 17 minutos ya perdíamos con gol de Picolé, mientras Pelé dirigía magistralmente a su orquesta, consiguiendo con cada regate cerradas ovaciones.
 Después de todo era un fiesta de su exclusividad. Desde la banca miraba asombrado aquel derroche de deleite y perfección, cuando don Hernán se dirigió a mi exclamando "¡Cañadas, caliente, entre por Condomí que se tironeó!, su labor será anticipar a Pelé, que no reciba la pelota". 


Apenas iban 19 minutos. Nomás entré y el Rey se dio cuenta de que su nueva pareja de baile llegaba con muchos bríos. 



Comencé a seguirlo por todos lados, a tratar de anticiparlo y todo el equipo redobló esfuerzos, empeñándonos en conseguir un resultado decoroso. 



Recuerdo como si fuera ayer a Raúl Magaña volando de palo a palo, a Ernesto Aparicio corriendo por las bandas, al capitán Villalta dirgiendo al equipo dentro de la cancha, a Baello y Tiorra Castro saltando ante las embestidas aéreas de los brasileños, en fin que todos nos sublimamos porque si Pelé me superaba, aparecía un montón de piernas en el relevo.



 Cuando recuerdo aquello, aún me parece escuchar sus jadeos, las frases de aliento entre ellos y los improperios del Rey en mi contra. los cuales aumentaron cuando el enorme Elenilson Franco consiguió el empate y en un acto irreverente estuvimos a punto de ganar el partido. 

Desde aquella fecha ha llovido tanto en mi patio, los años se acumularon y nos han pasado factura, varios de mis compañeros ya no están y cada una de sus despedidas, han sido dolorosas; pero el recuerdo de aquel partido es un tesoro que tengo bien guardado. 


Rafa, sigue siendo mi jefe y un amigo entrañable al que apreciarlo más me sería imposible, pero hay otros dos personajes a los que también atesoro como amigos que me lo recuerdan cuando me ven, ellos son Noel Minero un quezalteco de lujo y Chambita Garcia Deming, quien tanto ha

peleado por la reivindicación del futbolista y por eso lo nombré El Abogado del Diablo.


Y hoy que viene la fecha me he permitido la licencia de revivirlo, darles gusto, pues sé que cuando me recuerdan aquel suceso, lo hacen para gratificarme, porque saben perfectamente que aquello noche existió y que vive plenamente en el recuerdo del entusiasta futbolista que alguna vez fui yo.

martes, 30 de diciembre de 2014



Nunca fue un personaje de acatar ciegamente lo establecido, tampoco un impertinente que alejado de la razón provocara problemas para satisfacer su ego.
 Raúl Araña Magaña fue un visionario que aparte de sobresalir entre sus pares, predominó en numerosos roles.
 Desde aquella estampa de arquero portentoso fue moldeando una trayectoria que lo asoció a la honestidad, la actitud ganadora y el deseo de evolucionar cada día. 
Un adelantado que trajinó en el fútbol como jugador, lo dirigió como entrenador y director deportivo, lo comentó como periodista y lo analizó a nivel mundial pues formó parte de la cúpula técnica de la FIFA junto a grandes figuras como Franz Beckenbauer, Michel Platini, Daniel Passarella, Mario Coluna, Berti Vogts entre otros. 
Y lo hizo con notas sobresalientes sin permitirse ser comparsa y limitarse a sacarse fotos con ellos para llenar un álbum. Así, fue el primer centroamericano en moverse en esas esferas sin nunca apartarse de su esencia, siendo legítimo audaz, directo para tratar temas sobre el fútbol y la vida. 
Muchos se preguntarán: ¿cómo lo logró?: pues le tocó subir un camino empinado y sinuoso, en realidad fueron su atrevimiento, valor y talento los que lo catapultaron para convertirse en autoridad futbolística de porte mundial, pleno de iniciativa, originalidad de decisión y por supuesto su sentido de la oportunidad. 
El fútbol nos hermanó y tuve la dicha de acompañarlo por varias latitudes, regocijarme además con el trato especial que le dispensaban y comprobar que había encontrado la fórmula de disponer de tanta energía y dinamismo, no sólo para acometer sus funciones con singular éxito sino para adobarlas de aventura y diversión.
 En el otoño de su vida se había vuelto mesurado, muy lejos de aquel personaje de arrebatos múltiples cuando veía las injusticias, que contribuía con tan poco para calmar las turbulentas aguas que pudieran cercarlo. 
Se graduó como economista en la Universidad de San Carlos Borromeo en Guatemala, también realizó estudios de psicología y siempre estuvo actualizado.
 En nuestro medio defendió la portería del FAS, Marte, Alianza, Excelsior, 11 Municipal y la selección nacional. 
En Guatemala donde el periodista italiano Mario Ferreti lo bautizó El Gran Salvadoreño que inspiró el libro del mismo nombre escrito por Hildebrando Juárez, lo hizo en el Tipografía Nacional, Universidad de San Carlos y Municipal. Tambien militó en el Toronto Falcons de Canadá.
 Al retirarse jamás volvió a jugar de portero, le gustaba hacerlo de mediocampista, pero además era muy bueno para el béisbol en la posicion de short stop. “El puesto de portero es el más tonto que existe en el fútbol, por eso lo debe jugar el más inteligente”, solía decir.
Como técnico dirigió a Firpo, Juventu Olímpica, Alianza, Platense, Chalatenango y la Selecta. 
Su última hazaña fue lograr el ascenso del Atlético Marte; con mucho esmero elaboró un plan para conseguirlo, buscó a Felix Guardado y a Romeo Blanco como cómplices y se puso a trabajar con un entusiasmo desmedido como lo hizo en todas las cruzadas que se propuso en su agitada vida.Lo hizo con método y disciplina, sin ofrecimientos fallidos a sus jugadores, sin misterios y mucho menos anonimatos pues las aristas de su personalidad nunca estuvieron emparentadas con ellos.

 Ese 14 de julio de 2009 el Marte le ganó al AFI de Ilobasco y le devolvió la sonrisa a la afición azul. Jugadores y aficionados fueron en romería hacia su casa para ofrendarle el triunfo. Para entonces un cáncer lo tenía postrado, estaba cansado y agobiado por las quimioterapias pero se las arregló para recibirlos.
 Ahí iba el plantel completo con el entrenador Ramiro Cepeda a la cabeza , además de otros extraterrestres como Armando y Tito Platero, Odilio Víchez, Félix Guardado, Romeo Blanco. 

Unas semanas más tarde y fiel a su estilo, Raúl se nos adelantó en el viaje...como siempre lo hizo.

lunes, 22 de diciembre de 2014


Trabajaba en un rastro y jugaba en el Pirañas el equipo de su barrio; Juan Baello su padre, había llegado a principios del siglo pasado a la Argentina en un viejo barco de su Italia natal y se había afincado en Formosa, provincia limítrofe con Paraguay a mil 170 kilometros de Buenos Aires. 

Se había casado con Evangelista Jara, procreado ocho hijos y viendo que la situación era dificil emprendió el viaje rumbo a la capital. 
La prole encabezada por Rodolfo Baello creció en un entorno poco compensador, Fito había encontrado una manera de vivir y de ayudar al hogar en la industrái frigorífca, una manera de decirle así al destaze.
 Era el año 1964, se echaba los mascones dominicales en una cancha abierta y jugaba como defensa central, su coraje y sus barridas eran motivo de admiración en ese submundo y una tarde de enero tuvieron de espectador a Raúl Pibe Vásquez, oriundo del barrio quien había llegado de vacaciones del extranjero con la misión de conseguir un defensa central. 
El Pibe lo abordó después de aquella jornada y le ofreció un sueldo de cien dólares que al cambio de pesos argentinos se hacía una enorme cantidad.
 Rodolfo no lo pensó tanto y armó sus pocas prendas de vestir y se hizo a la aventura. En el Aeropuerto de Ezeiza su padre se bolseó y le entregó las últimas monedas que andaba y cuando el avión aterrizó en Ilopango se llevó una gran sorpresa pues estaba en Centroamérica y no en Salvador de Bahía como había entendido. 

Pero no le quedaba otra y así se incorporó a las filas del Atlético Marte que era equipo de media tabla. Baello llegó, de entrada lo apodaron el León y le entregó lo mejor de su fútbol a los bombarderos haciendo pareja en la zaga central con Guillermo Castro o con su paisano Juan Andrés Ríos.

A finales de 1968 llegó al equipo don Hernan Carrasco, y pese a su edad avanzada en el fútbol, tenía 29 años, pulió sus condiciones y salió bicampeon con los Mustangs Azules. 

En la zaga central era un baluarte y por arriba no le ganaba nadie. En ese ciclo marcó a grandes jugadores que a nivel internacional enfrentaron al Marte desde Pelé en el Santos, Carlos Reinoso, Gonzalo Fragoso y Enrique Borja del América de México; Leivinha y el Principe Ivair del Portuguesa de Deportes de Brasil, Ermindo Onega y Pinino Más del River Plate de Argentina.

 Cómo jugando en aquel equipo de su barrio marginal iba a alternar con aquellas luminarias del fútbol mundial. En ese entonces las instrucciones del maestro chileno era precisas: dejar que los defensa laterales rivales se vinieran al ataque y que hicieran centros.

 Con Ríos y Baello en la zaga central y con Magaña en el arco era todo un festín para iniciar los contrataques. 
Cuando concluyó su ciclo en el Marte, pasó al Juventud Olímpica, para entonces era una estrella en el firmamento del fútbol nacional y contribuyó a que el equipo azul y oro bajo la dirección de Juan Quartarone ganara el título de 1973 de manera invicta.
 Fito Baello jugó despues en el Águila, de donde en 1976 regresó al Atlético Marte para seguir imponiendo respeto en la zaga central. 

También tuvo un paso por el Chalatenango y ayudo a que los Duros del norte consiguieran el ascenso a la Primera División, tenía más de 40 años y el entusiasmo de un cipote.
Con su retiro se dedicó a entrenar equipos, compró un microbús que solamente le dio problemas, puso un restaurante en la colonia 10 de Septiembre y hasta trabajó de guardarrastros en Mejicanos.

 Luego fue empleado de marcar tarjeta con una institución del ejército hasta que llegaron las nuevas administraciones y lo dejaron cesante. 

En un estilo tan sano de vida Jamás tuvo vicios a menos que su propensión a comprar billetes de lotería, a veces se sacaba una terminación y ello le daba tono para seguir en su rutina hasta que una vez con un amigo se negaron a comprar un billete que después resultó ser el premio mayor, pero que fue a otras manos.

 Rodolfo lo tomó a broma pero su amigo se frustró tanto que se quitó la vida. Hasta hace unos tres años el León pasaba sus días otoñales con su esposa María Isabel y su hijo Alexis, cuando comenzaron sus problemas de salud. 

Entonces le tocó vivir un calvario, hacer un peregrinaje por diversos hospitales; sufrió varios derrames cerebrales que lo minaron y lo condenaron a estar postrado en una cama. 

A estas alturas se nos desgarra el alma cuando lo visitamos en el Hospital La Divina Providencia, el viejo León Rodolfo Baello libra el partido final de su vida y pronto lo va a perder. 

En ese recinto recibe solícitos cuidados de médicos y enfermeras mientras una llama de esperanza ilumina a los suyos . 

Y lo que son las paradojas de la vida, le va a entregar su último tributo a la Madre Tierra en un país lejano del cual nunca había escuchado hablar, del que muy pronto se prendó y hasta adoptó su nacionalidad.
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