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miércoles, 11 de marzo de 2020













lunes, 9 de octubre de 2017

POR AMOR A LA CAMISOLA

Hay camisolas que sobreviven en la memoria de los aficionados. Son esas que corresponden a momentos triunfales, que tienen un significado especial. 


Los aguiluchos no conciben otro color que el anaranjado; tigrillos y toros la combinación del azul, blanco, rojo; los marcianos el azul, "cocoteros" y dragonianos, el verde; los universitarios el rojo y los aliancistas el blanco, por más que con el color celeste y hace más de medio siglo le hayan ganado al Santos de Pelé. En la actualidad y por razones comerciales, los dirigentes acuden a diferentes colores y diseños que hasta parecen catálogos de venta, pero hay que buscar ingresos y complacer a los patrocinadores, de manera que tienen el uniforme de local, de visita, el tercer uniforme y cualquier otro que saquen para poder vender.

Si ustedes revisan los armarios de los futbolistas retirados o no, encontrarán guardadas con esmero las camisolas que lucieron en sus años de gloria. Para ellos son tesoros, donde cada prenda tiene una historia singular.

Sé de dos que tienen sus pequeños museos, que saben donde está cada cosa: Mauricio “Pipo” Rodríguez y Jaime “Chelona” Rodríguez. Colocados con suma delicadeza y con visitas frecuentes, guardan en un lugar de sus casas todo aquello que les recuerdan sus triunfos especialmente sus camisolas. “Pipo” siempre jugó en equipos nacionales y las tiene celosamente guardadas, incluso los trajes de calor o pants y numerosos objetos relacionados como trofeos, placas, diplomas, cuadros, pines, souvenires.

También los tiene Jaime, quien militó en equipos de tres continentes: Europa, Asia, América. Y ha tenido la “Chelona” el sumo cuidado de guardar publicaciones y fotos de tantos países donde el deporte lo ha llevado.

El “Mágico” González no es amigo de esas sutilezas e incluso ni habrá de acordarse de los colores y diseños de sus equipos.

Corría el año 1981, recién pasaba la ofensiva del FMLN, el país se debatía en una contienda sangrienta, pero el fútbol nunca paró. Por eso siempre he dicho que los muchachos que fueron a España 82 son doblemente heróicos.

Pues ese día la plantilla del Independiente iba en el bus a entrenar a San Vicente. La cautela era imprescindible porque a menudo encontraban cadáveres tirados sobre el pavimento. En una curva fueron detenidos, encañonados por un retén y varios sujetos conminaron a los jugadores a bajarse. El del asiento de adelante era “Quino” Valencia quien entró en pánico cuando el jefe del grupo lo identificó: -“¿vos sos “Quino” Valencia?”, le preguntó; pero otra voz lo distrajo, -"¡hey aquí está “Lotario”, …y el “Caballo” Vega, “Chus” González, Ismael Quijada, "Gatti" Méndez, la "Tuquita" Gómez y “Carlanga” Rivera!".

Los brasileños Marquinho y Justino da Silva temblaban y de la mejor manera accedieron cuando los muchachos les pidieron sus implementos deportivos y se identificaron como miembros del Ejército Revolucionario del Pueblo. Ahí quedaron los maletines y el resto del recorrido lo hicieron en silencio. Cuando llegaron a San Vicente y contaron lo ocurrido los dirigentes se las ingeniaron para conseguir nuevos implementos porque el domingo llegaba el Alianza. Ese día del mascón, cuando entraron a la cancha se sorprendieron al divisar en los tendidos populares a un grupo de aficionados vestidos con el uniforme negro y amarillo, quienes se acercaron a la malla metálica para saludarlos y los animaron durante el partido en que vencieron a los albos. Por supuesto que aquellas camisolas no son parte de sus colecciones, pero “Quino” siguió con su costumbre de sentarse adelante y cada vez que pasaban por aquella curva cerraba los ojos y rezaba.

De los títulos ganados uno guarda grandes recuerdos, por más que haya pasado el tiempo, son triunfos objetivados en esos trapos o pedazos de tela que para otros no tendrían mayor significado.

Con el Marte ganamos dos títulos nacionales y solamente guardo una de esas camisolas, la otra se me extravió, más bien alguien me la sustrajo en un descuido, lo cual siempre lamenté.

Del Marte pasé al Juventud Olímpica y en un entrenó volví a ver mi camisola que ya no era mía, la portaba Mauricio “Tarzán” Alvarenga quien al ver mi sorpresa solamente sonrió. No hubo forma de que me la regresara, mucho menos a la fuerza, pues era una mole humana que sabía artes marciales.

En 1973 salimos campeones con el Juventud Olímpica bajo la dirección de Juan Quartarone, clasificamos fácilmente para la ronda final y solamente perdimos un partido ante el Alianza; seis cuadros disputamos dos vueltas, uno contra todos y terminamos invictos en el primer lugar.

En el penúltimo juego ya siendo campeones le ganamos a la UES y hubo fiesta en el “Flor Blanca” con la quema de un castillo de pólvora incluida; creo que fue la última vez que eso ocurrió. Durante los juegos anteriores, un cipote de unos 14 años no me daba agua con la camisola, lo veía siempre y me saludaba cordialmente. Ese día y en medio de la euforia me convenció y accedí a dársela. Sabía que la cuidaría aunque me confesó que era marciano pero que le encantaba como jugábamos y que me seguía desde mis tiempos con “Los Mustangs Azules”.

Pasé al Alianza, luego al Firpo y en 1976, Juan Quartarone, me llevó al Marte donde coincidí con varios de los muchachos que habían sido mis compañeros en el Juventud como Luis Condomí, Rodolfo Baello, Helio Rodríguez, Jorge “Indio” Vásquez y mi hermano Caly.

Asomaba una generación de cipotes que practicaban un fútbol de fina trama y que al equipo titular, en los entrenos, nos hacían quedar mal: Carlos Alberto “Chicharrón” Aguilar, Manuel “Gato” Castillo, Luis “Cuisito” Durán y Danilo Blanco.

Una tarde el Danilo llegó con aquella camisola. Ya no era el cipote escuálido que me la había pedido y estaba en camino de convertirse en un crack ya que después escribió su propia historia en nuestro fútbol. Fue como un hijo que el fútbol me regaló, por eso le digo a Léster Blanco su retoño, que en cierta manera es como mi nieto.

La camisola que guardo del Alianza tiene una historia triste, con esa disputamos el Campeonato Centroamericano ante el Municipal de Guatemala en el estadio "Mateo Flores" y lo perdimos, encima me lesioné.

Un día no la encontré, la busqué por todos lados y llegué a la conclusión de que alguien se la había llevado. Por entonces tenía una amistad entrañable con Arturo Soto Gómez, brillante periodista deportivo quien fuera el director de la Escuela de Periodismo de la Universidad de El Salvador. Nos frecuentábamos mucho y su hijo Marito era como mi hijo.

Pasaron las semanas y una tarde me sacudió la noticia de que Marito había fallecido repentinamente, tenía apenas 15 años. Anegado en llanto llegué a la casa de Arturo quien me recibió con la camisola en las manos. -“¡Siempre te la quiso regresar, pero le daba pena!”, me explicó, -“quería lucirla ante su amigos aunque le quedaba tan grande”, agregó.

Guardo además otras y una que me recuerda horas felices es la del Platense con la que conquistamos el Torneo Centroamericano de la Fraternidad ante el Saprissa y Herediano de Costa Rica, Aurora y Municipal de Guatemala y el nacional Negocios Internacionales. Me llevó al equipo de Virola: ¿quién si no, mi querido Juan Quartarone con quien celebramos tantos triunfos?.

Ya retirado y en mi condición de periodista llegaron a mi colección otras con igual o mayor significado. En 1989 el Alianza quedó campeón bajo la dirección técnica de don Hernán Carrasco. Había traído a su paisano Raúl Toro quien hizo capote con el equipo blanco. Cultivamos una linda amistad para siempre y al ver su calidad humana lo auxilié cuando pasó algunos momentos difíciles. Ese día que le ganaron la final al Firpo 3 a 1, Raúl las hizo todas y fue declarado el mejor jugador del campeonato. A la hora de la celebración vi como defendió su camisola que muchos aficionados se la quisieron quitar. Entró al camerino a dejarla y salió con otra. Por la noche nos reunimos y me la llevó en señal de agradecimiento. Me conmoví ante el grupo de amigos, pues sabía lo que el gesto significaba.

Otra es la que mis hijos Carlos Manuel y Javier Alejandro, sabiendo de mi amistad entrañable con Ramón Fagoaga, me insistieron que le pidiera una camisola del Marte, que los periodistas dieron en llamar el “Equipo Bandera”. Como la Chana no estaba para esos tafetanes, Ramón esperó que terminara el campeonato para entregármela.

Y para un día de mi cumpleaños, Rafael Cerna me sorprendió con una versión vintage de camisola del Marte, la misma con que fue campeón el 25 de diciembre de 1985 y que fabricaba con tanto esmero Raulito Ayala.

Con esa grandes jugadores como Mario Figueroa, “Cacho” Meléndez, José Luis Rugamas, Ramón Fagoaga, Salomón Campos, Danilo Blanco, Norberto Huezo, Iván Escobar, Raúl Esnal, William Rosales, Marcial Turcios, Guillermo Raggazone y otros nos dieron el último título bajo la dirección técnica del profesor Armando Contreras Palma. Rafa me escribió unas letras tan sentidas que calaron en mi sentimiento, pero advertí que todo se debía al gran cariño que me tiene: -“no creo que exista otro guerrero de la vida y del deporte que merezca mas que vos el llevar puesta esta camisola, así que cuando la usés debés recordar que gracias a vos, “Araña” Magaña, Ramón Fagoaga, Guillermo Castro, José Luis Rugamas, Norberto Huezo, Mario Figueroa, don Hernán Carrasco y otros, este equipo es grande”.

En octubre de 2014 y en el andar periodístico me tocó ir a España con motivo de un clásico entre el Real Madrid y el Barcelona. Mi adorada Andrea Carolina se encargó de enviarme desde la bella bahía de San Francisco una chumpa y una camisola de los merengues. ¡Cómo no tener eso en medio de algodones!, tal como dicen cuando un jugador lesionado se está cuidando para un partido importante.

Pues más allá de lo deportivo, cada una de esas prendas pueden simbolizar profundos y diversos sentimientos: la del Independiente, el miedo; la del “Tarzán”, la impotencia; la de Danilo, la nacencia de una amistad para siempre; la de mi recordado Marito, la tristeza; la del Platense, mi cariño hacia el gran Quarta; la de Raúl toro, el agradecimiento; la de Ramón, el afecto y admiración que le guardo; la de Rafa, el cariño mutuo que nos profesamos y la del Real Madrid que me mandó la Andrea, el amor más puro.

Por Manuel Cañadas.

martes, 5 de septiembre de 2017


--Se enfrentaban el FAS y el Atlético Marte, sobre la punta derecha quedaron en un mano a mano Jorge “Mágico” González y Ramón Fagoaga. Los aficionados esperaban ansiosos la “culebrita macheteada”, en tanto Ramón balbuceaba: -“¡sí, sí, sí... me la hacés, te parto!”. Y Jorge sabía que lo decía en serio. Entonces tomó la pelota en sus manos, se la dio a su compañero de habitación en la concentración de la selección y exclamó: -“¡tomá Negro, esto no es una guerra!”.
--Una placa conmemorativa del primer partido que se jugó de noche en el estadio Cuscatlán guarda un error histórico, pues en la alineación ahí escrita tiene a Luis Rivas como defensa central y no a Ramón Fagoaga. La selección se enfrentó esa nocha al Borussia Monchengladbach, perdió 0 a 2 pero la placa ya estaba hecha con anticipación. El partido se jugó el jueves 24 de julio de 1976 pero el domingo 20 Luis Rivas había sufrido fractura de tibia y peroné en un partido jugado en San Miguel entre su equipo Águila y el Atlético Marte. Un error que Ramón no deja de señalar.
--Por entonces era catedrático en el departamento de periodismo de la Universidad de El Salvador, pero no siendo un teórico destacaba como reportero y redactor deportivo en el periódico La Noticia. Ese día fue a la FESFUT en busca de noticias de primera mano y solicitó información a Jeanette Ruiz quien fungía como secretaria. - “¡Mi papá se llama como usted!” expresó la secretaria, :- “el es de San Salvador”, agregó: - “¡También el mío” dijo Julio Ruiz Martínez!: -“Pero mi papá vivió antes en la colonia Luz”, agregó Jeanette. -“También mi papá” replicó. -“Nosotros ahora vivimos en la colonia La Rábida”, dijo Jeanette plena de curiosidad. - “Yo sé que mi papá vive por ahí”, dijo Julio.
Esa noche, habló con su mamá residente en Los Ángeles quien le confirmó su sospecha y reflexionó sobre las sorpresas que da la vida pero no pudo evitar cierto complejo de culpa pues hacía unos días le había aplazado su materia a la hermana de Jeanette que obviamente también era su hermana. Con los meses el destacado periodista llegó como jefe de prensa de la institución donde realizó una gran labor.
--Estabamos recién retirados cuando con Raúl Magaña decidimos incorporarnos al Santanita, equipo de softbol donde encontramos una cofradía de grandes personas, el equipo era manejado por don Napoléon Luna y por Manuel “Pajarito” Quintanilla y brillaban en sus filas estrellas de la pelota suave como el “Ticoco” Anaya, el “Pelón” Brand y el “Gato” Cornejo. Ese día nos enfrentábamos nada menos que al Marte y cuando me tocó mi primer turno al bate me sorprendí pues el lanzador rival estaba muerto de risa. Era William Meléndez a quien el recordado “Tito Burundanga” había bautizado como “Bote de Chile” por su carácter explosivo. Su actitud de momento no concordaba con su fama de mecha corta y sin poder contener la risa se me acercó y me dijo “¡qué estás haciendo aquí, ándate para el Cuscatlán!”
--He conocido aficionados de toda clase, pero Samuelito Ayala rompió todas mis expectativas cuando acompañado de Melissa su esposa, quien se encontraba en estado de gracia me expresó:- “¡mi hijo será marciano desde la cuna!”. Y así fue, las galas fueron azules para Samuelito Jr., pero el colmo fue que en su primera salida, en lugar de llevarlo a la iglesia lo llevó al Cuscatlán para animar a su querido equipo. Y a Melissa no le quedó otra opción.
--Mauro “Tiburón” Granados trabajaba con la compañía que construía los túneles en la carretera Litoral y entre sus compañeros organizó un equipo de fútbol, para ir a jugar contra el Destroyer del Puerto de La Libertad que militaba en la Segunda División. La cancha Chilama que por entonces era un pedrero fue el escenario para un partido, que de amistoso no tuvo nada pues los jugadores se dieron con todo al grado que sobre el final se armó una trifulca donde abundaban los trompones y las patadas. De pronto, Mauro vio que el arquero rival quien era nada más y nada menos que Luis “Catuta” López, cruzaba la cancha en su dirección y se preparó, pero el “Catuta” tenía otros planes. -“¿Verdad que usted no es de aquí?” le preguntó, -“véngase vamos a echarnos una botella y dejemos a estos tontos que se peleén”. Ese fue el inicio de una amistad que duró toda la vida, propiciada por el fútbol y el guaro.
--Era el mes de marzo y la selección nacional tendría un partido de fogueo contra el América de México. La Selecta volaba y el árbitro Joaquin Waldo Polío entró con la consigna de dejarlos jugar. Recién se iniciaba el encuentro cuando el mexicano Enrique Borja sacó un disparo que pegó de martillo, picó adentró del marco y salió. El línea era don Víctor Manuel “Chorizo” Guevara, un hombre incorruptible que corrió directamente al centro dando por válida la anotación. La afición estaba enardecida y Waldo dijo para sus adentro “¡si doy el gol, estos me linchan!”. Entonces tuvo una ocurrencia ingeniosa. Llegó donde su auxiliar y le preguntó: - “¿cree que va a llover hoy?”, don Víctor solamente gesticuló y el bribón del Waldo le dijo al “Pulpo” Fernández: - ”¡saque de ahí!”. Los mexicanos intentaron protestar pero la pelota ya estaba en juego. Don Víctor nunca más le dirigió la palabra a don Waldo.
--Mi hijo Carlos Manuel tiene un parecido enorme con el “Tata” Martino y cuando fuimos a los Estados Unidos a ver partidos de la Copa América advertí que no se ponía los anteojos pues el parecido es mayor. Ese día Argentina enfrentaba a la selección local y cuando dieron las alineaciones y mencionaron al entrenador de la albiceleste, mi yerno Eduardo Baños exclamó: -" ¡acá está, pero se está escondiendo!". Los aficionados lo veían y se ponían a reír, mientras que mi hijo se quitaba los anteojos y la chumpa de Argentina que más lo acusaba. Pero siempre hubo quienes se tomaron fotos con él.
--Todo el tiempo, la selección nacional había ocupado el camerino de la izquierda del estadio Cuscatlán. Y nadie había advertido que los líneas corren del medio hacia el sur. Tuvo que venir Rubén Israel para que se utilizara el del fondo pues es precisamente donde se les puede presionar, de lo contrario están a sus anchas.



LA LECCIÓN DEL “ VIEJO JUAN”
Era tan modesto que al incorporarse al Atlético Marte, precedido de laureles poco comunes en nuestro fútbol, ni siquiera mencionaba sus conquistas. Iniciábamos nuestras andaduras en la Liga Mayor con René “Tuca” Gómez, Adonay Castillo, Fredy Rivera, Ernesto Aparicio, Fausto Omar “Bocho” Vásquez, Ricardo Calderón, Carlos Ernesto “Pollo” Méndez, “Chito” Molina, los hermanos Nel y Orlando Escobar y lo asediábamos para que nos platicara de los equipos de su natal Argentina y casi a la fuerza, pero con mucha nostalgia mencionaba a sus excompañeros. Oírlo hablar de aquellos futbolistas tan ilustres que solamente habíamos visto en la revista El Gráfico, provocaba en nosotros una especie de extasis.
Juan Andrés Ríos había militado y conseguido el ascenso con el Ferrocarril Oeste, pero en 1960 lo compró el San Lorenzo de Almagro donde ayudó en grande para el subcampeonato y realizó giras por todo Suramérica y Europa, por cierto que en España disputaron la Copa Carranza con el Barcelona, Zaragoza, Internazionale. Venía en un gran momento y figurones como Antonio Roma, Silvio Marzolini, Vladimir Tarnawski, Humberto Indalecio Cansino, José Francisco Sanfilipo, Héctor Facundo habían sido sus compañeros.
Por esos días, Luis Alonso “Merengue” Castellanos quien era árbitro de lucha libre en la Arena Metropolitana seguía al equipo a todos lados, siempre estaba con nosotros incluso en las concentraciones y hasta se la daba de ser guardaespaldas de don Hernán Carrasco.
Juan decía que le hacía recordar a un pibe seminarista que seguía al San Lorenzo siempre que sus estudios litúrgicos se lo permitieran y que se lamentaba de no tener aptitudes para el fútbol aunque se compensaba viēndolo jugar. Con el “Ciclón” habían regresado de una gira por Europa cuando en 1964, el embajador de El Salvador en Argentina, doctor Armando Peña Quezada le propuso venir a jugar a El Salvador a un equipo llamado Atlético Marte y sin pensarlo tanto se hizo a la aventura.
Inicialmente jugaba como lateral pero se decidió por la zaga central donde se convirtió en todo un suceso al hacer pareja con su paisano Rodolfo Baello; en un receso tuvo un paso triunfal por el Comunicaciones de Guatemala, pero volvió para ser determinante en los títulos ganados por “Los Mustangs Azules” en 1969 y 1970. Aquella pareja de centrales era impasable, por arriba no había quien les ganara con el agregado de que el “Viejo” Ríos tenía una técnica depurada y dominaba de manera exquisita la pelota dentro del área al punto que jugando ante el Juventud Olímpica le hizo un túnel a Hugo Luis Lencina quien nunca se lo perdonó.
Juan Andrés y Rodolfo jugaban de memoria, hacían las postas y los relevos de manera tan coordinada que se imponía jugar por las bandas. ¡No había de otra!. Y en las concentraciones, su paisano y compañero nuestro, Carlitos Chavaño, quien en México había militado en grandes equipos, la hacía de narrador y como si estuviera en el estadio daba la alineación del San Lorenzo de Almagro, de tal manera que cuando llegaba al lateral izquierdo le ponía tanto énfasis que Juan Andrés gozaba con aquellas añoranzas.
Para entonces yo estaba envalentonado, eramos campeones, jugábamos a estadio lleno, con aficionados que llegaban a vernos perder pero que se iban frustrados y me equipaba al lado de cracks que hasta hacía unos años solamente conocía por los diarios y revistas. Ya no me sentía irreverente hacerlo al lado de Mauricio “Pachín” González, Ricardo “Chele” Sepúlveda, Alberto “Pechuga” Villalta, Guillermo “Loro” Castro, Raúl “Araña” Magaña y en una de esas tuve un incidente con el “Viejo” Ríos que me volvió reflexivo, prudente y me hizo poner los pies en la tierra.
Por cuestiones sin importancia me puse a discutir con él y en mi soberbia hasta lo reté a pelear para ver quien tenía la razón. Juan Andrés en un gesto que toda la vida le he agradecido, me dijo que las diferencias no se solucionaban de esa manera, me dio un montón de consejos que hasta me sentí villano y ridículo.
Al día siguiente iba al entreno más temprano que de costumbre, cuando vi que los integrantes del escuadrón de paracaídistas de la Fuerza Aérea hacían sus maniobras, en una esquina estaba un grupo practicando boxeo y se daban con todo. Poco a poco me fui acercando y divisé al “Viejo” Ríos dándole la más grande lección objetiva de boxeo al instructor que era un campeón nacional.
En ese momento se apoderó de mi un sentimiento de admiración y agradecimiento hacia ese hombre singular y hasta me sentí contento de tener mis dientes completos.
Luego me enteré que había sido campeón de boxeo del ejército de su país.
Con el retiro, Juan Andrés se quedó a vivir entre nosotros, trabajó en una institución gubernamental y nos hicimos muy amigos.
Desde hace un tiempo mi querido Juan ha estado aquejado de salud, lo fui a ver y recordamos tantas vivencias, yo le dí las gracias una vez más sobre aquella lección, solamente sonrió y me contó que luego de verlo en tantas fotografías y en la televisión, llegó a la conclusión de que aquel pibe seminarista que seguía al San Lorenzo de Almagro es ahora ni más ni menos que el Papa Francisco.

domingo, 26 de marzo de 2017



Cuando llegó al Marte en 1976, Norberto Huezo iba con las intenciones de sobresalir y sacar provecho de la estabilidad económica del equipo. Los militares habían hecho del cuadro marciano una institución con solvencia en sus salarios. Esto provocó la conformación de grandes plantillas y ser considerados siempre favoritos en la pelea por los campeonatos.

“En cada puesto había dos o tres jugadores. Era difícil ganarse la titularidad”, comentó el popular ‘Pajaro’. Entre los nacionales, hubo nombres como los de Omar Barillas, José Luis Rugamas, Miguel González y Ramón Fagoaga. Como refuerzos extranjeros estuvieron Carlos ‘el Nene’ Escalante y Alfredo Di Baggio.

Destacar en esta pléyade de futbolistas era elogiabe, esto lo consiguió Norberto Huezo a base de buena técnica e inteligencia para manejar el medio campo. “Era un equipo de tradición, formado por excelentes jugadores nacionales y extranjeros”, dijo. El fruto de su esfuerzo lo obtuvo en la temporada 1979-80. ‘El Pájaro’ conseguía su primer campeonato con Marte, el sexto en su historia.

Huezo era el típico líder. De los que ahora no se encuentran en ningún lado del fútbol mayor. De semblante serio. Sobre el terreno hacía lo que debía. Hablaba poco y sus mejores expresiones eran con el balón.
Y cuando iba tras o con el balón, normalmente ya iba enfilando su mirada al compañero, no al horizonte y menos cabizbajo. Siempre iba observando a su colega mejor posicionado en pos del ataque.

Así es como se recuerda el paso de Norberto “el Pajarito” Huezo en el fútbol nacional. Su condición de auténtico 10 fue adoptada, según él, de forma natural y solamente supo mantenerla al impregnarle un poco de carácter, sacrificio y seriedad.
Eso lo llevó a pisar campos de España –cuatro años–, México, Costa Rica y Guatemala.
En tierras ticas, con el Herediano, consiguió su segundo campeonato en una liga nacional. Aquí se coronó con el Atlético Marte en 1985.

Ahora, muchos años después de ese Mundial, quizá su mejor momento futbolístico, “el Pajarito” dice que no le gusta ser considerado como el mejor 10 de la época y menos que se le diga que ha sido el último que hizo grande al 10.

Creativo, inteligente, líder y por supuesto altamente técnico, de entre otras cualidades dignas de ese rol tan importante en un equipo de 11 futbolistas... por hoy extinguida.
Nombre 
José Norberto Huezo Montoya 
Apodo "Pajarito" 
Nacimiento 6 de junio de 1956 San Salvador, El Salvador 
Posición centrocampista 
Año del debut 1975 
Club del debut CD Universidad de El Salvador 
Año del retiro 1993 
Club del retiro CD FAS 


José Norberto Huezo Montoya (San Salvador, 6 de junio de 1956) es un ex futbolista salvadoreño. Su carrera comprende una copa mundial de fútbol, y participaciones en ligas extranjeras. En el terreno de juego se desempeñó como mediocampista. Como técnico ha dirigido selecciones nacionales juveniles salvadoreñas.

En la Primera División de El Salvador, Huezo jugó para los equipos CD Universidad de El Salvador (1974) y Antel (1975) donde fue compañero de Jorge González.1 2 En 1976 militó en CD Atlético Marte y, después de haber tenido un paso por el fútbol mexicano con CF Monterrey en 1977, retornó nuevamente al cuadro marciano entre 1978 a 1981, año que se coronó campeón de la liga salvadoreña.

Tras su participación en el mundial de España 1982, formó parte de los equipos españoles Cartagena FC (1982), CF Palencia (1982-1983) y Valencia CF (1983-1985). Otra vez regresó a El Salvador donde consiguió su segundo título con Atlético Marte en 1985. El siguiente año partió hacia Costa Rica donde prestó sus servicios a CS Herediano (1986 a 1987), equipo con el que consiguió otro campeonato.2Posteriormente viajó a Guatemala con Deportivo Jalapa (1988 a 1990) y Deportivo Escuintla (1991-1992). Terminó su carrera en CD FAS en los años 1990.

En la Selección de fútbol de El Salvador, fue parte de tres eliminatorias para la copa del mundo. En las rondas previas para Argentina 1978, jugó en ocho partidos.

 Posteriormente, lograda la clasificación al mundial de España 1982, participó en los tres encuentros de la primera ronda del torneo. 

Finalmente, para México 1986 intervino en dos juegos contra la selección de Honduras en 1985 durante la segunda fase de eliminatorias.3 En total, Huezo marcó dieciséis goles con la selección salvadoreña.4

El auténtico 10

Éstas son las 10 cualidades que, a criterio de ex futbolistas y entrenadores, debe tener un verdadero número 10 en un equipo de fútbol:
Alta capacidad para entender y poner en práctica ideas tácticas
Capacidad para rendir igual en equipos y selecciones
Liderazgo
Creatividad
Carácter para saber controlar momentos difíciles del equipo
Personalidad dentro y fuera del campo
Manejo de los tiempos del juego (la pausa y la velocidad a la vez)
Alta calidad técnica
Buen perfil de llegada por ambas bandas
Buen disparo
¿A qué se debe la falta de verdaderos valores en los equipos de Liga Mayor?

Norberto Huezo: El problema es muy amplio, viene en sí de la escasez de talentos que tiene el país. Y ése es un problema que arrastra la Liga Mayor desde hace muchos años. A la Liga Mayor hoy llega cualquiera.

Si hacemos una selección hombre por hombre, posición por posición, ¿resultaría difícil sacar un equipo con auténticos jugadores para cada puesto?

De hecho así es, es difícil y ello se refleja en las selecciones. En la última Copa de Oro, todos pasaron desapercibidos.

Para ser específicos, ¿qué cree que está pasando con la ausencia de verdaderos líderes, números 10 en los equipos?

En el caso especial de los números 10, es más agudo, ya que ese número significa ser el líder, la manija, el que da la pausa, el que pone el ritmo en los partidos, el que impone carácter. O sea, reune condiciones de jugador especial. Y ahora no los hay.

Usted llevó la camisola con el 10 en varios equipos y la selección, ¿pesa llevar ese número?

La verdad significaba mucho, la responsabilidad que tiene ese jugador es muy importante; y eso creo, el talento es lo que hoy está haciendo falta en este país.

Con su experiencia, ¿cuánto tiempo cree que se lleva sin contar con jugadores de gran calidad, que en realidad sean el 10 que llevan en la camisola?

Yo creo que eso no es un secreto para nadie que se mueve en el fútbol, quizá tenemos ya unas dos décadas sin contar con ellos. La clasificación al Mundial del 82 es el mejor referente.

¿Y en las últimas selecciones nacionales?

En la selección no hay nadie que tome la manija. En los equipos se da el mismo fenómeno.

¿No hubo ninguno?

Quizá Mauricio Cienfuegos tuvo su momento, brilló con la selección y sí ha sido profesional, pero tampoco, no sé, no soy quien para decirlo. Tendría que decirlo gente que entiende, ustedes los periodistas, y no me gusta hablar de mí mismo.

¿En su época era difícil ser el 10 del equipo?

No sólo eso, para llegar a Liga Mayor había que pasar tres o cuatro jugadores que estaban en el puesto. Ganarse ese puesto era más difícil. Ahora no, la misma escasez de talentos lo facilita.

Entonces, ¿se ha vuelto casi un vicio ser de la Liga Mayor?

Ahora es más fácil llegar a Liga Mayor. Por ello es que ustedes ven a gente con deficiencias físicas y técnicas en primera división, es increíble.

¿Hasta cuándo cree que la afición pagará para ver este tipo de fútbol?

Hasta que no se tome en serio el trabajo a nivel de las canteras, es ahí donde tenemos que trabajar, con los niños para enriquecerlos en la técnica.

Sólo de ahí pueden surgir los verdaderos talentos.

lunes, 6 de marzo de 2017




EL VIAJE DEL CAPITÁN
Jugó en los tiempos en que a los capitanes de los equipos hasta los tratabamos de usted, ellos dentro de la cancha mandaban y había que obedecerles porque predicaban con el ejemplo.
En la casa club del Marte cuando nos decían Los Mugstans Azules, Alberto Villalta era como el auxiliar de don Hernán Carrasco.
Le gustaba que le dijeramos Che Villaltini, Capitán, Crack o City; odiaba el mote de Pechuga y al que se lo decía lo encaraba, aunque tal licencia se la permitía a unos pocos.
En un partido contra el FAS, el Bucky Espinoza le puso una plancha al brasileño Doribaldo Becca quien se retorcía del dolor.
Villalta llegó y le dio un coscorrón al Bucky reprochändole la entrada.
El árbitro don Desiderio Avendaño iba con la tarjeta roja en la mano y nuestro capitán lo evitó diciéndole "no le diga nada, ya yo lo castiguĕ".
Aquella salida bien puede ejemplificar la ascendencia que tenía en la cancha y fuera de ella era de lo más amistoso.
Pocos futbolistas salvadoreños han tenido un amor propio como él y han confiado ciegamente en sus capacidades.
En el famoso partido que el Marte empató a un gol con el Santos en Panamá lo vi en su verdadera dimensión, Picolė era una de las jóvenes estrellas del equipo brasileño y se enredó en una disputa verbal con Villaltini quien con autoridad le expresó: "¡Cipote, vos comenzăs a morder la grama!".
Al finalizar el primer tiempo, nos dirigíamos hacia los camerinos cuando nos cruzamos con Lima, compadre de Pelé y una de las estrellas rutilantes de aquel equipo.
Saludö a Villalta de manera efusiva quien al ver mi cara de asombro me dijo "pensé que no me iba a reconocer, es que yo lo anulė en San Salvador".
Se refería al partido que unos años antes el Alianza les había ganado.
Jugó un montón de años en grandes equipos, en la selección nacional y siempre estuvo entre los que más cobraban.
Ahora se unió al grupo de hermanos que se nos adelantaron.
En este otoño que vivimos en que más temprano que tarde lo seguiremos nos queda de consuelo de que cuando el momento llegue, hermanos del fútbol como Raúl Magaña, Ricardo Sepúlveda, Rodolfo Baello, Santiago Cortez Méndez, Sergio Méndez, Adonay Castillo y por supuesto Villaltini estarán allá arriba para recibirnos y organizar las tertulias como antes...más que antes.

¡Vaya con Dios mi querido Capitán!.
Autor Manuel Cañadas

miércoles, 22 de febrero de 2017


Sin embargo, sus equipos de calidad fueron finalmente reconocidos internacionalmente, en 1992 se coronó campeón de la CONCACAF Copa de Ganadores de la Copa, un concurso celebrado en Guatemala y con la presencia de equipos fuertes en las regiones como el Club Universidad de Guadalajara, México;Comunicaciones, Guatemala, Saprissa, Costa Rica, y el Real Estelí,Nicaragua.

El 19 de enero de 1992 el Atlético Marte fue a Guatemala para disputar un torneo de copa de CONCACAF, del que salió campeón.

En Centroamérica, los marcianos vencieron al Saprissa tico, al Real Estelí pinolero y empataron con el Comunicaciones chapín. En un torneo de uno contra todos, ticos y guatemaltecos empataron 3-3 en el último encuentro y eso dejó al Atlético Marte como campeón del área.

En la fase final, el Atlético Marte empató con el Comunicaciones, derrotó a los Tecos de la Universidad de Guadalajara, y al Rácing Club de Haití, sumó cinco puntos y su mejor diferencia de goles frente al Comunicaciones lo dejó con el título internacional.

En 1992, el Atlético Marte alcanzó un título de CONCACAF para afianzarse como uno de los grandes de la historia del fútbol salvadoreño. Pocos lo recuerdan y muchos lo olvidan o lo pasan por alto, pero el Atlético Marte es el último equipo de El Salvador que ha ganado un título de CONCACAF. Nos referimos al que ganara en enero de 1992, en Guatemala,r.

Muchos dirán que el Alianza ganó el título Grandes de Centroamérica, pero este fue un torneo que no se homologó como oficial en las entidades regionales.

El Atlético Marte pasó a la fase previa (centroamericana) como campeón de copa de El Salvador al derrotar al Luis Ángel Firpo de los Cienfuegos, Díaz Arce, Leonel Cárcamo y extranjeros como Fernando de Moura, entre otros, y que llegaban con más de 50 partidos sin derrota.

“El Maestro” Óscar Washington Tabárez dijo recientemente que luego de entregados los premios éstos ya son historia y hay que pensar en el presente y en el futuro.

Sin embargo, la historia se escribe con las experiencias que quedan para ejemplificar éxitos y fracasos.
 
 





 
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